Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo cuarto: “Al pasar los cuarenta años, todo hombre que posea alguna capacidad intelectual, es decir, todo hombre que tenga un poco más de inteligencia que la concedida por la naturaleza a las cinco sextas partes de la humanidad, difícilmente dejará de presentar algunas señales de misantropía” (Confucio, 551 – 479 a.C; filósofo chino)

Andaba yo metafísico pensando en que si todos fuéramos lagartijas no habría hambre en el mundo (podríamos comernos nuestra propia cola todas las veces que quisiéramos y nos volvería a crecer) cuando he caido en la cuenta: cuanto más mayores somos más malpensados nos volvemos.

De niño te comes un plátano tan tranquilo. A ver quien de mayor no se siente raro cuando se mete un plátano en la boca. Y mira que al final siempre lo acabas saboreando.. pero ese primer mordisco..!ay ese primer mordisco!

Lo dicho, cuanto más mayores somos más malpensados nos volvemos. Hasta el lunes pues.

… más “historias extra-ordinarias”

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo octogésimo sexto: “Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”. (Francis Bacon, 1561 – 1626; filósofo y político inglés)

Que Napoleón no era un tío tan inteligente como cuenta la historia queda claro al ver la que organizó cuando conquistó España. Por poco que nos hubiese estudiado sabría que sólo una frase hubiera bastando para que nos rindiéramos. Un “¡yo invito!” y todos a sus pies. Sin más contemplaciones.

Por cierto que sí, que los franceses además del francés (un invento que ya por si mismo los elevaría a héroes de la humanidad) han dado algunas otras cosas buenas, cosas que además, con los tiempos modernos que nos ha tocado vivir, aún son más de reconocer: gracias al bidé podemos mear en el mismo retrete dos al mismo tiempo. Algo impagable en tantos y tantos momentos. Por ejemplo.

… cosas del Sandwich

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo segundo: “El talento es algo corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia” (Doris Lessing, 1919, escritora iraní)

Creo haber escrito en alguna ocasión que el verano, este verano que termina como todos los demás veranos, es una temporada nefasta para los tristes, los solitarios, los abandonados. La soledad se manifiesta en sus formas más atroces cuando se produce en medio del alborozo general. No sólo el mundo ha decidido divertirse, es que, además los medios de comunicación se masas fomentan el mito de la diversión en sus aspectos más desmadrados y con las atractivas formas de un colorido arrollador (para mí resultan coloridos simplemente horteras, pero la multitud los acepta como excitantes). Asimismo, los ruidos pasan de ser incómodos a estimulantes. Y hay quien se empeña en convertir los agobios del calor en un afrodisíaco.

Abrir una revista o un suplemento de verano en esta época es un insulto para los solitarios como lo es para los feos: los medios se han empeñado en llenarnos los ojos a base de cuerpos gloriosos. Triste comparación para quien sufre dentro de un físico que no le gusta. Los bacantes del verano nunca sabrán el daño que hacen. ¿Por qué iban a saberlo, además? Su obligación es aturdirse en el bullicio y tender todas las trampas posibles a esa trampa fenomenal que el tedio.

Curiosamente, el solitario, el abandonado, no tiene siquiera la posibilidad de experimentarlo. Bastante tiene con lo suyo, que es más profundo. Del aburrimiento nos salva un buen libro, una película, aunque sea idiota, una conversación con amigos. De la tristeza también puede salvarnos alguna leve distracción, de la soledad, ni Dios.

Malos tiempos los del estío para los forzosos solitarios.

… suspensos

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo segundo: “Es un gran mal no poder sufrir mal alguno; es menester sufrir para sufrir menos”. (Anacarsis el Escita, 499-428 a. C. filósofo griego)

Aunque físicamente no tenga fuerzas ni para destapar un yogurt, mi mente, que parece haberse tomado en serio lo de ser una republica independiente autogestionaria, no deja de plantearse dudas existenciales. En contra de mi criterio ha dejado a un lado lo de sopesar las ventajas que supondría tener un novio negro -que no sólo adelgaza sino que combinaría con todo- y ha empezado a plantearse otro tipo de temas que, por su fragosidad y su importancia determinante, parecen destinados a abordarse en épocas menos calurosas.

Así, metida en una angustiosa espiral de pensamientos profundos, lleva horas dándole vueltas a lo mismo. ¿Por qué el ping-pong se llama ping-pong? Sí, vale, te dicen que se llama así por el ruido que hace la pelota cuando le das con la raqueta.. bien. Pero ¿por qué si es la misma pelota y las raquetas son iguales cuándo tu le das hace ping y cuando le da el otro hace pong ? O suena ping las dos veces o suena pong. O lo llaman ping-ping o lo llaman pong-pong pero las dos cosas..

Tantas preguntas y tan poco tiempo. Los martes es lo que tienen… con tal de no trabajar cualquier cosa.

… alfileres

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1251. Lunes, 15 septiembre, 2008

Septiembre 14, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo primero: “Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona incluso cuando sabemos que mentiríamos en su lugar”. (Henry-Louis Mencken, 1880-1956; periodista y escritor estadounidense)

Todas las mañanas me miro al espejo. Lo peor es el primer impacto, me doy cuenta de mis fallos, esos miles de fallos que el resto de día sólo se los veo a los demás. De golpe me encuentro a un tipo despeinado, con gestos de mala leche y pensando aquello del que hace una cara como tú en un sitio como éste.

De lo que no estoy descontento es de lo que veo por dentro, alguien con mucha ilusión, con ganas de hacer cosas, de aprovechar cada momento al máximo; una persona que crece, que vive su historia lo mejor que sabe, alguien coherente que intenta experimentar sentimientos, que se siente orgulloso de la vida que lleva, que intenta vivir el presente con la máxima intensidad posible.. alguien normal, vaya.

El espejo es injusto y caprichoso pero sirve para acercarnos a nosotros mismos. Cada mañana tengo que poner de acuerdo a las dos partes, la de fuera y la de dentro, aunque en eso tengo suerte ya que la recomposición física suele ser relativamente fácil . Una vez asumido que hay que descartar los milagros y que la cosa se reduce a disimular lo evidente (que no es poco): te afeitas un poco, te lavas un poco más, te haces la ilusión de que todavía puedes peinarte algo, una sonrisa a tiempo.. y ¡voila! empiezas a verte hasta presentable. Sería mucho más difícil el acercamiento a la inversa, ahí si que se necesitaría mucho más que agua y jabón.

Sé que voy contracorriente, que en estas historias la mayoría de la gente escribe de lo mal que se siente, de los desgraciados que son, de la mala suerte que tienen en la vida… pero siendo sincero tengo que reconocer que yo me miro al espejo y me quiero.

Incluso en un antipático lunes de septiembre en el que un cargante sueño se empeña en ejercer de indomable okupa dentro de mí.

… adaptación a las alturas

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Capítulo Milésimo ducentésimo cuadragésimo octavo: “Cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas” (Refrán español )

Y, en piloto automático -esto se está publicado solito- voy a confesar el único problema que podría ser capaz de amargarme este puente:

El queso Emental es un queso que está lleno de agujero, es decir: cuanto más queso, más agujeros. Pero cada agujero ocupará el lugar que en el que habría queso. Así, cuantos más agujeros, menos queso. Pero cuanto más queso, más agujeros y cuanto más agujeros menos queso. Luego, cuanto más queso menos queso.

Seguro que en ello ando pensando ahora mismo. Seguro.

… entre Pinto y Valdemoro

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Capítulo Milésimo ducentésimo tercero: “La sinceridad es un privilegio al que los hombres tenemos que renunciar” (Verano de corrupción, Bryan Singer; 1997)

Nacho Vidal, 24 centímetros de longitud y poco más de tres de grosor (justo ahora nótese un largo suspiro de insana envidia… que no son pocos los inconvenientes de tener que soportar un tamaño mayor…ejemmmm), en su libro “Confesiones de una estrella del porno” (Editorial Martínez Roca) afirma tajante: “el secreto para mantener más tiempo la erección es no comer nada desde varias horas antes de rodar“.

Normal. Cuando uno come el cuerpo necesita movilizar una buena parte de su sangre hasta el estómago para que se lleve a cabo el proceso de la digestión. Como sangre hay la que hay (su volumen en el cuerpo no varía y -al menos que se sepa- todavía no tiene el don de la ubicuidad), si está en un sitio no está en el otro.

Algo que, además de tirar por tierra aquello de que una cena romántica es el preludio en una intensa noche de pasión (con el consiguiente ahorro de la misma, por cierto) debería de cambiar toda nuestra estructura mental: antes de la típica –y generalmente única- pregunta (“Hola, ¿eres muerdealmohadas o soplanucas?”) se hace imprescindible exigir un informe detallado (y convenientemente compulsado) sobre el horario de las últimas comidas. Evitaremos más de una sorpresa. Hasta el lunes pues.

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Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo octavo: “El nacionalismo está basado en una idea simple: yo llegué antes que tú y, por tanto, tengo más derechos que tú” (Arcadi Espada Enériz, periodista español; 1957)

Por una de esas incongruencias que jalonan la historia en inacabable sucesión, en cuanto el hombre descubrió la posibilidad de viajar cómodamente se hizo sedentario, y, en lugar de ir de un lado a otro en busca de alimentos, aprendió que era mucho más práctico vivir junto a una mata de habas, una vaca y algún que otro animal (unos a los que el hombre daba de comer y otros que el hombre se comía). Había descubierto el sedentarismo. Sus traslados en el futuro los habría de hacer, más que nada, para arrebatarle al prójimo la mata de habas, la vaca, los animales y, ya de paso, lo que hiciera falta. Y muchas veces aunque no hiciera.

Pero con el sedentarismo llegó también el ocio. Y fue ahí donde empezó todo. Con pocas cosas en que ocuparse, y sólo para distinguirse tontamente, la gente a la que no le gustaban las habas, plantó pepinos y se puso a hablar con acento diferente del de los que cultivaban trigo al otro lado de la montaña; inventaron palabras distintas para nombrar las mismas cosas y llegaron a no entenderse los unos con los otros. Los de las vacas de la meseta presumieron de cantar mejor que los recolectores de lechugas en el valle, quienes alardeaban de a su vez de saltar a la pata coja más lejos que nadie. Unos proclamaban la extraordinaria fecundidad de sus mujeres como si fuera una hazaña de su masculinidad; otros se vanagloriaban de la anchura de su río, como si lo hubieran hecho ellos; los de más allá ostentaban con orgullo unos pucheros con pitorrito de los que nadie conocía el secreto de fabricación, y los de más acá se jactaban de haber inventado el séptimo agujero de la flauta.

Se inició la acostumbre de apedrear a los forasteros, se inventaron unos símbolos para poder restregárselos en las narices a los vecinos y la gente empezó a estar orgullosa de ser de Entrepuentes del Río Seco, sin pararse a pensar que eso era puramente accidental, y que igual se le podía haber ocurrido a su bisabuelo plantar la mata de habas en Vladivostok. Y ahora sería ruso.

Claro que esto ocurrió hace 8.000 años, año arriba, año abajo, y la lógica evolución del mundo ha hecho que ya no nos parezcamos en nada a aquellos primeros antepasados nuestros tan cercanos al eslabón perdido. ¿Verdad?

Hasta el lunes.

… … más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana

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Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo séptimo: “Para ser hay que ser percibido, o si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo, ¿hace ruido el árbol?” (Bishop George Berkeley, 1685-1753; escritor irlandés)

Los filósofos griegos han pasado a la historia por el uso de la dialéctica y el raciocinio diciendo cosas tan sensatas como que todo sale del agua (Tales de Mileto), que de donde sale todo es del aire (Anaximenos), que no, que el origen de todo es el fuego (Heráclito), que no se sabe, pero lo que sí es seguro es que el hombre desciende del pez (Anaximandro), y que nadie se baña dos veces en el mismo río (Heráclito otra vez),

- Pero eso del río es una tontería.
- Hombre ya sabe usted que el agua nunca es la misma.

Y ya estaba. Ya tenían suficiente para animar una conversación, incluso para hacer creer que había una conversación. Y así podían estarse varios años sin llegar a conclusión alguna. Bastaba con llevarse la contraria.

- ¿El amor? El amor es una locura, pues el deseo nubla la razón.
- Ahhhh no, el amor es una injusticia pues sólo se ama la belleza, y a los feos que los parta un rayo.
- Una incoherencia, eso es lo que es el amor pues también sienten deseos los que no aman.
- No, el amor no es más que una extravagancia ya que algunos no podemos amar si no tenemos más de tres al lado.

Y luego nos dicen que desde que vemos televisión nos hemos vuelto más tontos. Pues no veo yo tanta diferencia entre leer a los clásicos y vegetar delante de telecinco. Por ejemplo.

… sobre sus cenizas

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Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo sexto: “¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme porque habita al otro lado del agua y su príncipe tiene una querella con el mío aunque yo no la tenga con él?” (Blaise Pascal, 1623-1662; científico, filósofo y escritor francés)

Seguro que esto es una perogrullada, pero no me importa repetirlo porque es de las cosas que parece que se nos olvida siempre. Sólo hay en la Naturaleza dos especies de animales que atacan a sus congéneres con la intención de destruirlos: la hormiga (sólo cinco clases de las innumerables que existen) y el hombre (de cualquier raza, color y religión).

Con la diferencia, a favor de las hormigas, de que éstas no ocultan su propósito, que es el de apoderarse de la despensa del otro para aumentar la propia. En cambio, el hombre, con el mismo exacto propósito, se escuda en rimbombantes conceptos y sublimes supuestas intenciones.

No le basta al hombre ser el asesino de su propia especie, encima va y lo explica.

… tragarse un chicle

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