1298. Miércoles, 19 noviembre, 2008
Noviembre 19, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo nonagésimo octavo: “Nunca tomes una pastilla para dormir y un laxante la misma noche”. (Rachel – Gallimaufry en “16 cosas que alguien ha tardado 50 años en aprender”)
Miércoles tuneado de viernes gracias a unos escasos días de vacaciones que todavía me quedan pendientes. Desde esta tarde -y hasta el domingo- andaré entre/por España y Portugal. Mientras, aquí dejo una de esas interminables reflexiones (no tanto por su extensión, que también, como por lo peliagudo del tema) sobre “formas de conseguir pareja y no morir en el intento”. Que, aunque no salga en los periódicos económicos, la crisis a estos niveles también se nota. Y mucho.
A pesar de existir cientos, quizá miles, de manuales dedicados a explicar el asunto, basta analizarlos un poco para darse cuenta que, básicamente, pueden reducirse a tres los procedimientos para conquistar a la persona de nuestros sueños … o al menos el amor eterno que nos toque esa semana.
La primera es casarse con ella; algo relativamente sencillo si la otra parte está conforme, lo que suele depender de una cosa muy simple: que se enamore o no de nosotros. Vale que en el lote te suela entrar la familia, pero con los tiempos que corren la cosa no es difícil. Con los padres, por ejemplo, es muy fácil; en cuanto uno insinúa sus intenciones te abren emocionados los brazos y con una rapidez un poco sospechosa, te adjudican al mozo o a la moza, dándote a entender, poco más o menos: “toma, majo, te ha tocado, para ti para siempre, no se admiten cambios ni devoluciones. Que el señor te ampare”. Esta solución suele estar bien vista por el resto del mundo y es la que más se ha llevado hasta ahora.
El segundo sistema es más complicado y su éxito depende de muchos imponderables. Hay que convencer a la persona de nuestros sueños de que somos unos tipos fenomenales, de que nos resulta imposible vivir sin él (o ella) peeeeero… que no podemos ir más allá porque ya estamos casados (conviene acompañar el discurso con el tradicional -aunque todavía sorprendentemente válido-: “mi matrimonio está roto, mi mujer no me comprende.. pero las circunstancias para dejarlo no son ahora las mejores y bla, bla, bla..). Serán de gran ayuda en estos casos detalles espirituales que den a entender que es la única persona que te importa de verdad: un día se le regala una rosa; otro día un bote de gel al chocolate (que, aunque en los juteco los hay muy buenos a 1,99 euros en oferta tres por dos, convendría vendérselo como si fuera algún producto exclusivo traído de París) y, si es preciso, hasta un i-phone de 16 megas mínimo. Todo es poco cuando se trata de que se avenga a razones y no quiera tenernos es exclusiva. No es, como es natural, un método seguro, pero resulta menos comprometido que el matrimonio y, aunque a primera vista no lo parezca, resulta también mucho más barato que el primero.
Y el tercer procedimiento, tan antiguo y salvaje como el hombre mismo, se lo puede uno imaginar: caer sobre la presa inesperadamente para obtener lo que se desea de ella a la fuerza. Hay gente para todo, aquí y en todas las partes, y creo que sobran los comentarios.
Sin embargo y ya que estamos con este asunto, existe una noticia sobre el tema que bien merece unas esperanzadas líneas. Por lo visto, en el Canadá, según dicen los papeles, un laboratorio ha logrado un producto que puede resolver el problema. Se trata de una ampolla de cristal, con una sustancia extraída de glándulas de mofeta, cuyo olor es tan asqueroso e insoportable que uno tiene que salir huyendo. Las mofetas usan este olor para defenderse de sus enemigos, y parece razonable que las personas humanas hagamos lo mismo. ¿No se emplean perfumes carísimos para atraer a quien nos gusta? Pues esto es parecido, solo que al revés. La ampolla se puede llevar en cualquier sitio y, si se produce un momento de peligro, bastará con una simple presión de los dedos para que el presunto agresor saliera huyendo. Y aun suponiendo que se resistiera, tampoco pasaba nada: el olor es tan repugnante que actúa en sentido inverso a un afrodisíaco. A continuación bastaría con pegarse un buen baño, colocarse otra ampolla en el sitio adecuado y listo. Algo práctico y sencillo que puede llegar a rebajar el número de páginas de sucesos de los periódicos.
Hasta el lunes pues.
… … más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana
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1233. Lunes, 18 agosto, 2008
Agosto 17, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo tercero: “Solo busco un momento que dure eternamente”. (Heath Ledger en Casanova de Lasse Hallström; 2005)
Con distintos protagonistas pero ha vuelto a pasar. Después de dos meses y medio de intenso romance vividos en un decorado perpetuamente iluminado por la luna plateada y un fondo de música de violines, tan empalagoso como comprensible, dos amigos que se habían jurado amor-eterno-por-siempre-jamás, dicen que lo dejan.
A cualquier mentira maravillosa se impone siempre la realidad, y la realidad no es precisamente diestra en maravillas. Alguien debería enseñarnos que el amor de película existe, sí, pero también deberían explicarnos de antemano qué ocurre cuando se apaga la luz plateada, desparece la pasión y la convivencia inicia sus destrozos. Y la convivencia, cuando se pone a destrozar, destroza a base de bien.
Y lo comprendo. Ver al hombre de tus sueños, hasta entonces el hombre más perfecto de la creación, quitarse los calcetines para cortarse las uñas de los pies, es un ataque de realidad que no todo el mundo es capaz de soportar.
Últimamente veo a mí alrededor tantos casos de relaciones fracasadas que empiezo a temer una epidemia. Otra vez.
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1194. Lunes, 2 junio, 2008
Junio 1, 2008
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo cuarto: “El amor ha provocado en todo el mundo más desgracias que muchas otras enfermedades. No entiendo por qué nadie se ha preocupado de buscarle una vacuna” (Camilo José Cela, 1916 – 2002; escritor español)
Desde muy antiguo, la mujer dice que el hombre es, entre otras muchas lindezas, cruel, despiadado, bravucón, egoísta, traidor, ingrato, agresivo, fantasma, depredador, jugador compulsivo de videojuegos, sucio, comodón, lujurioso, infiel, canalla y embustero.
Y, por añadidura, fanático de los partidos de fútbol.
El hombre sostiene que la mujer es, entre otras muchas exquisiteces, cotilla, terca, taimada, lenguaraz, astuta, obstinada, cruel, infiel, charlatana, lasciva, tozuda, trapecera, despiadada, lujuriosa, y embustera.
Y, por si fuera poco, gorda.
Es asombroso que teniendo estas opiniones los hombres y las mujeres unos de otros, hayan accedido ambos a colaborar tanto en las maniobras indispensables para la perduración de la especie. Y tantas veces. ¿Verdad?
Tengo el día reflexivo. Los lunes es lo que tienen.
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1094. Lunes, 17 diciembre, 2007
Diciembre 17, 2007
Capítulo Milésimo nonagésimo cuarto: “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones.” (Antonio Gasset, 1946; periodista, presentador de televisión y crítico de cine español)
Siempre me ha llamado la atención el éxito de las relaciones virtuales. De unos años para acá, el mundo ha empezado a poblarse de parejas sin rostro, gente que escribe a deshoras, que se cuentan las más íntimas de las mentiras, y que muestra su lado más oscuro, que es casi siempre el más apetecible, a través de la pantalla de un ordenador.
El mecanismo es, con algún que otro matiz, siempre el mismo. Dos voluntades coinciden casualmente en el rincón menos pensado de la red. Da igual que sea en una página consagrada a hacer sesiones espiritistas a las horas y a las medias o en un foro dedicado exclusivamente a debatir el mejor tipo de luz que hay que poner para hacer fotografías de pies desnudos al amanecer (por increíble que parezca los dos casos existen en la red). Un primer saludo, un cambio de frases hechas y una conversación que se irá alargando cada día un poco más hasta que ambos acaben fabricándose el mundo que les gustaría tener, un mundo de mentira, pero un mundo en el que ambos son los únicos dueños.
Y, aunque como todo, la ristra de ventajas e inconvenientes de este tipo de relaciones sería interminable, siempre he pensado que si en algo ganan a las relaciones tradicionales, es en la hora de su desaparición. Es el final ideal de cualquier relación, la retirada más indolora y limpia. Donde no hay carne, no hay miseria. Los corazones nunca se rompen por completo, y el dolor de la ruptura tampoco tiene el suficiente cuerpo: no hay un brazo, una espalda, ni un solo músculo cuyo recuerda pueda torturar. Ni, sobre todo, hay unos ojos para echar de menos. Algo que, llegado el momento, se agradece. Y mucho.
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1045. Martes, 2 octubre, 2007
Octubre 2, 2007
Capítulo Milésimo cuadragésimo quinto: “Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño” (Ramón Gómez de la Serna, 1888 – 1963; escritor español)
Se lee mal, lo sé. Pero es tan impresionante el documento que en el se ofrece, tan desgarrador el testimonio que nos cuenta una pobre mujer sumida, como tantas otras, en la desesperación de un problema que está destrozando su vida y al que no le encuentra solución, que bien merece la pena hacer un esfuerzo por leerlo.

¡Qué dramas hay por la vida! Y nosotros venga a quejarnos por tonterías. Se dice bien.
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