Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo: “El que quiera comer la nuez antes tiene que romper la cáscara” (Refrán español)

La idea no se me ha ocurrido a mi (el aburrimiento es muy malo y uno acaba hasta leyendo), pero en vista de la importancia capital del tema que trata, creo que difundir la idea todo lo que se pueda es un acto de generosidad al que ningún hombre de bien puede renunciar.. Hoy, en peluche practico, cómo insinuarte (y algo más) a alguien sin necesidad de sentirte humillado… aunque la respuesta sea no.

Una única condición: que en la charla anterior al asunto, (que será mejor cuanto más breve e intranscendente sea -no hay que olvidar que estamos a lo que estamos) parezcamos lo más modernos posibles. Algo sencillito, sin pasarse. Bastará, por ejemplo, con acortar algunas palabras. Dos caris y tres porfa convenientemente situados en cada frase pueden valer.

Lo demás es pan comido, invitas a la víctima a café en tu casa, sacas las tazas, las tostadas y las galletas, pones gesto candido, y, tarro en mano preguntas con la mejor de tus sonrisas “te gusta lamermela” Es en ese momento cuando -observando su cara- te darás cuenta de si habrá o no habrá final feliz. Que pone cara rara… acabas la frase con un “da de frambuesa” y aquí no ha pasado nada. Que ya está de rodillas en la alfombra.. pues eso que ganas.

Por probar. Hasta el lunes.

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo vigésimo sexto: “Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres su dominador” (Proverbio árabe)

Nombres propios aparte (de esos cariñosos que sólo uno conoce porque sólo uno es su usuario), en España se dice follar, hacer el amor, echar un quiqui, cardar, tricotar, joder, meterla, empujar, echar un polvo, echar un casquete, echar un caliqueño, chingar, mojar, tirárselo, jincar, echar un clavo, foquinfoquin, ñikiñiki, ñacañaca, cepillarse a alguien, pasarse por la piedra a alguien, pasar a alguien por las armas, ensartar, bombear, clavársela. En El Salvador: chimar, volar capirucho. En Chile: afilar, tirar, cacheteo, echar una cacha, cachar, enterrar el pico, culiar, botar el diente de leche. En Cuba: singar, quimbar, pingar, dar candela, meter. En Argentina: fifar, coger, poronguear o reporonguear, cajetear o recajetear, garchar o regarchar, hacer una mineta. En Ecuador: comer, tirar. En Méjico: coger, chingar, echar mecate, echarse un palo, echar pata, paliacate, palenque, planchar, clavar, abrochar, ir a desgastar el petate, ira a la lucha superlibre a calzón, ir a la junta de consolidación. En Puerto Rico: chichar, achichar, montar la crica, chingar, foquin, meter, hundir pelos, clavar. En Venezuela: tirar, echar un polvo, coger, empujar los pelos, mojar los pelos, empreñar, entierro, singar. En Perú: cachar, chifar, comer. En Colombia: chichar, pichar, tirar, comer echar un güevo, dar clavo, castigar el boge, jaratar el boge, bolsiar, bombiar, dar muerte, echar un gallo, matar la arrechera, comer. En Republica Dominicana: Singar, raspar, pingar. En Uruguay: ensartar, fachar.

La cosa que más fácil se puede pedir (otra cosa es que se consiga) en cualquier lugar del mundo y sin necesidad de usar ni una sola palabra (un simple gesto basta y sobra), resulta que es una de esas cosas que más palabras diferentes tiene.

Tantos nombres y tan pocas veces…

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Capítulo Milésimo tricentésimo nonagésimo octavo: “Encanto más talento más una ligera informalidad, le ayudarán mucho al principio; pero al final de cuentas, es la brevedad la que conquista el corazón del público.” (R. Cheney, 1941; profesor de comunicación estadounidense)

Siempre me ha parecido que el sexo rápido, el aquí te pillo aquí te mato de toda la vida, entre dos o más personas que ni se conocen, ni ganas de conocerse (y que posiblemente no se volverán a ver nunca), es una opción, con permiso de la neisseria gonorrhoeae y demás compañeros de fatiga, tan valida como cualquier otra.

Pero siempre le he encontrado un gran problema: el que los sexólogos modernos les ha dado por llamar post-coito y que los demás, de toda la vida, hemos llamado momento cenicienta. Justo aquel en que el sexo deja de ser un impulso y se convierte en una plasta, justo aquel en el que, tumbado en la cama, lo único que te apetece es largar a ese cuerpo extraño que tienes al lado.

Porque en los post-coitos de este tipo no se habla, sólo se padece. ¿De qué se puede hablar? ¿No es de mal gusto preguntar si le gustó? ¿Acaso si no le gustó te lo van a decir? Es verdad que si todo va como debiera, la incomodidad no debería de durar más de unos minutos (los mismos que tarde el más rápido en vestirse) pero por pocos que sean, se hace muy duro soportar esa repentina mezcla de timidez y retraimiento que se produce y que se va agravando según pasan los segundos, unos segundos en los que no haces otra cosa que preguntarte una y mil veces cómo podía ser que aquella calabaza que tienes delante hubiera sido, apenas unos momentos antes, una impresionante carroza.

Con razón las señoritas putas siempre cobran por adelantado.

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Capítulo Milésimo tricentésimo septuagésimo quinto: “La tragedia de la edad no es ser viejo, sino que se sea joven y la gente no lo vea” (Andrés Segovia, 1893 – 1987; músico español)

Digan lo que digan, una de las secciones más leídas de los periódicos es la de los anuncios por palabras. Normal. La mayoría de las veces sólo con ella estás al tanto de la actualidad sin necesidad de ir página por página. Tiene de todo: sección internacional: “griego, francés, turco…”; sección de música: “dúos, tríos, grupos…”; el tiempo: “lluvia dorada…”, la economía: “10.000 completo”.

Vista su audiencia me voy a animar a poner yo uno. Lo necesito como terapia de choque desde que ayer la depresión se instaló en mi vida cuando, de golpe y porrazo, comprobé que la música ambiental que sonaba en el Carrefour mientras miraba las calorías del chopped era la que yo bailaba como un poseso a los quince años. ¿Habrá algo más evidente de que uno ya no es joven que Alaska en versión instrumental saliendo del hilo musical?

Por eso, y antes de qué la cosa pase a mayores, he decidido poner remedio con nuevas emociones, adentrarme en la vorágine de lo prohibido, volver al desconcierto de los quince años, sentir aquellas intensas sensaciones cuando uno ligaba con solo decir la frase esa de: “perdona pequeño, el médico me prohibió levantar cosas pesadas… ¿me ayudas a hacer pipí?” Voy a poner un anuncio por palabras. Me ha costado redactarlo pero ya lo tengo, nada de divagaciones, nada de rodeos, directo. Los graves problemas requieren soluciones de urgencia:

Joven talludito en edad difícil, con pareja y trabajo fijo, busca limpiador de piscinas que, además, realice catálogos de ropa interior masculina en sus ratos libres. Recomendable musculatura desarrollada; imprescindible poca ropa; habilidades como limpiador serán secundarias al no haber piscina. Muy buena retribución. Por cuestiones fiscales el sueldo será sólo en especie“.

Ahora solo queda esperar.

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Capítulo Milésimo tricentésimo decimoquinto: “Un paraíso del que no se puede salir es un infierno” (Armando Fuentes Aguirre, 1938; escritor mejicano)

Paseo por los blogs “¿Qué leéis, monseñor?” preguntaba Polonio a Hamlet. “Palabras, palabras, palabras” contestaba. Palabras; es decir, nada; es decir, todo. Y siglos más tarde, uno de esos grandes escritores oscuros que jamás serán populares, quizá porque ha cometido el imperdonable delito de escrutar en el fondo de la caja de Pandora, Jean Paulhan, se atrevía a declarar en uno de sus libros raros “Todo se ha dicho. Sin duda. Si las palabras no hubieran cambiado de sentido; y el sentido de palabras”.

Admito que leo pocos blogs, cada vez menos, pero es que no me gusta el gris de la mayoría de ellos. No es fácil encontrar otros tonos, otros colores en la paleta inmensa de miles de palabras que, escritas por millones de dedos, significan cosas tan diferentes. Es posible que, como pretendía Huxley en “Un mundo feliz”, las palabras puedan parecerse a los rayos equis porque si son empleados convenientemente atraviesan cualquier obstáculo. Pero ¿cómo estar seguros de que millones de dedos las han empleado convenientemente? Hemos avanzado tanto, a través de los siglos, por esa selva de signos sonoros o escritos que es el lenguaje, que utilizando los mismos sólo conseguiremos eludir la verdad, puesto que cada uno los utilizará de diferente manera.

Sospecho, no me atrevo a asegurarlo, que ya es imposible describir verdad alguna en esta telaraña de redes.

… un belén único

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Capítulo Milésimo ducentésimo vigésimo: “Nunca hagas apuestas. Si sabes que has de ganar, eres un pícaro, y si no lo sabes, eres un tonto”. (Confucio, 551-479 a. de C.; filósofo chino)

Los datos semi-oficiales calculan que entre un 25% y un 30% -dependiendo de la especialidad- de las consultas que los pacientes realizan a los médicos son por pura hipocondría, en gran parte resultado de la avalancha de informaciones relativas a la salud que cada día reciben. “Llega el invierno, vacúnese contra la gripe; se siente cansado, tome vitaminas; tiene inapetencia sexual, con nuestro fármaco se lo solucionaremos”.

La calvicie, la menopausia masculina, el cansancio, la menstruación, la timidez, todo es susceptible de ser enfermedad con el nombre adecuado y las técnicas de venta adecuadas. En la era de la obsesión por medicarse la cosa está llegando al extremo de muchos pacientes que salen de las consultas sintiéndose estafados cuando los médicos no les han recetado nada.

Lejos queda aquel galeno holandés, con un impronunciable nombre holandés (salvo para los holandeses), Hermann Boerhaave, que legó al morir un libro lacrado con el sugerente título de “Los secretos más exclusivos y más profundos del Arte Médico“.

El libro, sellado aún, fue vendido en pública subasta por el precio de 20.000 dólares de oro, una fortuna para la época (alrededor del 1700). Cuando el nuevo propietario rompió el sello y abrió sus páginas, se encontró con el libro totalmente en blanco, salvo la página del título en la que se podía leer una nota al pie manuscrita por el autor y que decía:

Conserve la cabeza fresca, los pies calientes, y hará empobrecer al mejor médico del mundo“.

… el mal fario del 21

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Capítulo Milésimo ducentésimo decimonoveno: “Es difícil crear ideas y fácil crear palabras; de ahí el éxito de los filósofos”. (André Maurois, 1885-1967; novelista y ensayista francés)

Corre por internet un viejo chiste en el que, con una cierta lógica, se explica el significado de las protuberancias que todos tenemos en la punta de los senos: es Braille y significa “chupe aquí”. Pues bien, aunque pocos son consientes de ello, quien más y quien menos toca, soba y hasta magrea unos cuantos pezones propios o ajenos varias veces al día. Y la mayoría lo hace a diestro y siniestro y sin el menor recato.

Los pezones son, entre otras muchas acepciones y según la R.A.E. -que son los que saben más de estas cosas-, los asideros de las bolsas.

Es decir, que cada vez que bajas la basura o vas al carrefour y te traes unas cuantas a casa resulta que estas agarrando, sin el menor pudor y con el máximo descaro, un par (o más) de pezones en cada mano. Pues que bien.

Por cierto, y ya que estoy con tan exótico asunto ¿es alguna extraña idea mía o cada vez es más frecuente que los maniquíes tengan pezones? En su acepción más común, digo.

Hasta el lunes.

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Capítulo Milésimo ducentésimo decimoséptimo: “¿Te acuerdas cuando éramos pequeños y viajábamos en autobús al colegio? Yo sacaba el culo por la ventana y tú la cabeza, y todos creían que éramos gemelos”, (Alberto F., 32 años, en paro)

Si la “actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres” se denomina machismo, y quien la ejerce, machista; ¿cómo se llama la actitud de prepotencia de las mujeres con respecto a los varones?

¿Feminismo?

Y las mujeres que la ejercen… ¿feministas?

En ningún momento afirmo, sólo pregunto.

Y hablando de mujeres, no es que particularmente me importe lo más mínimo, pero ya que una de ellas (en un arriesgado gesto que podría costarle muy caro), se ha atrevido a romper el infranqueable muro de silencio que rodea a las acciones propias del sexo femenino, qué menos que compartir como se merece tan estremecedor testimonio. Por fin, una de ellas se atreve a contar las verdaderas razones por las que las mujeres tardan tanto en mear. Un pequeño paso las féminas, un gran paso para la lógica.

“Mi mamá era una fanática de los baños públicos. De chiquita me llevaba al baño, me enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.
Finalmente me instruía: “Nunca, nunca te sientes en un baño publico” Y luego me mostraba “la posición” que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza. Eso fue hace mucho tiempo. Pero aun hoy en nuestros años más maduros, “la posición” es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está que revienta.
Cuando “tienes que ir” a un baño publico, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que los calzones de Brad Pitt están a la venta y a mitad de precio. Así que esperas pacientemente y sonríes amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando las piernas.
Finalmente te toca tu turno. Verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa…
Cuelgas tu bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa que te colgaste al cuello, porque el bolso está lleno de mierdas que fuiste tirando adentro – la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso -.
Pero volviendo a la puerta… como no tenía picaporte, solo tienes la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas las bragas y tomas “la posición”… Alivio…… AAhhhhhh….. Mas alivio… Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar….
Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, así que te quedas en “la posición” mientras tus piernas tiemblan tan fuerte que registrarían 8 en la escala de Richter, sin contar la salpicada finiiiiiita del chorro se que pega en la loza y que¡¡¡te moja hasta las medias!!! ¡¡¡que seguramente se va a notar!!!
Para alejar tu mente de esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico, peroooo, joooooder…! el rollo esta vacío…!. Tus piernas tiemblan cada vez más. Recuerdas el pedacito de papel con el que te limpiaste hace un rato la nariz. Eso tendrá que ser suficiente. Lo arrugas de la manera mas esponjada posible. Pero es más pequeño que la uña de tu dedo y encima todavía esta mojado de moco…
En eso, alguien empuja la puerta de tu baño y como el cerrojo no funciona recibes tremendo viandazo en la cabeza. Les gritas caliente:
¡¡¡ OCUPADOOOO !!!”, mientras continúas empujado la puerta con tu mano libre y el pedacito de kleenex que tenías en la mano se te cae exactamente en un charquito que hay en el suelo y no estás segura si es agua o meao…. y te vas de espalda y te caes sentada en el inodoro.
Te levantas rápidamente, pero ya es demasiado tarde, tu culo ya entró en contacto con todos los gérmenes y formas de vida del asiento porque TU nunca lo cubriste con papel higiénico, que de todos modos no había, aún cuando hubieras tenido tiempo de hacerlo.
Sin contar el golpe en la cabeza, el desnuque con la correa del bolso, la salpicada del chorro en las piernas y en las medias, la que te conté, que todavía esta mojada… el recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima de ti, si supiera; porque su culo nunca toco el asiento de un baño publico, porque francamente, “tu no sabes qué clase de enfermedades podrías agarrar ahí”.
Pero la debacle no termina ahí… ahora el sensor automático del baño está tan confundido que suelta el agua como si fuera una fuente y manda todo al colector con tal fuerza que te tienes que agarrar del tubo que sostiene el papel de baño (cuando hay) por miedo a que te vaya a chupar y vayas a aparecer en la China.
Aquí es cuando finalmente te rindes. Estás empapada por el agua que salió del baño como fuente. Estás exhausta. Tratas de limpiarte con un celofán de uno chicles Adams; luego sales inconspicuamente al lavamanos. No sabes cómo funcionan con los sensores automáticos así que te limpias las manos con saliva, te las secas con una toalla de papel y sales pasando junto a la línea de mujeres que aun están esperando con las piernas cruzadas y en estos momentos eres incapaz de sonreír cortésmente.
Un alma caritativa al final de la línea te dice que vas arrastrando un trozo de papel higiénico (pegado a tu zapato) ¡¡ del largo del río Mississippi…!!…Arrancas el papel del zapato, lo depositas rudamente en la mano del alma caritativa que te dijo que lo traías pegado y le dices suavemente: ¡¡¡ Toma… puedes necesitarlo…!!!” y sales.
En este momento ves a tu chico que ha entrado, usado y salido del baño de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras te esperaba. “¿Por qué tardaste tanto?” te pregunta azorado. Aquí es cuando le das una patada en los huevos y lo mandas a tomar por el culo.”

… cinco kilos, un litro

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Capítulo Milésimo ducentésimo decimoquinto: “Si no he vuelto en 5 minutos… ¡esperen un poco más!” (Jim Carrey en Ace Ventura, Tom Shadyac; 1994)

Casi todos sabemos que el Everest, en el Himalaya, es la montaña más alta del mundo, pero pocos saben cuál es la segunda. Casi todos sabemos que Neil Armstrong fue el primer astronauta que pisó la luna, pero muy pocos saben quién fue el segundo en hacerlo. Casi todos (al menos los que por tener unos añitos de más “la eso” siempre ha sido un pronombre demostrativo con el artículo cambiado) sabemos que Charles Lindbergh fue el primer piloto que cruzó en solitario el Atlántico norte, pero casi nadie conoce el nombre de la segunda persona que lo hizo. Casi todos somos capaces de decir el nombre de la primera persona con la que copulamos (copular parece ser la única palabra libre –por ahora- de los filtros capablogs), pero muy pocos recuerdan el nombre de la segunda con la que lo hicieron.

Pues la segunda montaña más alta del planeta es el K2 en el Karakorum (Pakistan), una montaña sagrada para los pueblos que la habitan; el segundo hombre en pisar la luna fue Buzz Aldrin, que realizó un paseo notablemente más largo que su compañero y fue el encargado de traerse una buena muestra de rocas lunares que sirvieron para desarrollar un puñado de inventos que hoy nos resultan imprescindibles. La segunda persona en cruzar el Atlántico norte en solitario fue Bert Hinkler, que por cierto tardó mucho menos tiempo consumiendo bastante menos combustible que su antecesor.

Y la segunda vez siempre es mucho mejor.

Por cierto, soy el segundo de mis hermanos.

… pizzas

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Capítulo Milésimo ducentésimo decimocuarto: “En el bufé de la vida uno no puede repetir, por eso hay que llenarse la copa hasta el borde y guardarse unos panecillos en el bolsillo”. (John Goodman en Los Picapiedra, de Brian Levant; 1994)

¿Será una simple casualidad que en latín falo se diga fascinum, palabra de la que deriva el verbo fascinar y el adjetivo fascinante, que literalmente quiere decir “agradable a la vista como un buen cipote tieso?

A saber.

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