1475. Viernes, 2 octubre, 2009
Octubre 2, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo septuagésimo quinto: “Si no sabemos si la vida será larga o corta, al menos que sea ancha” (Jesús Poveda, 1957, psiquiatra)

A ver si se enteran algunos/as: 26 centímetros no es ningún “regalo” de la naturaleza, es una malformación congénita.
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1473. Miércoles, 30 septiembre, 2009
Septiembre 30, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo septuagésimo tercero: “Sonríe y todo el mundo te preguntará que te pasa” (Proverbio maltés)
Ríos de tinta se han gastado hablando del trágico final al que están destinados los pobres mantis religiosos devorados por sus señoras esposas en el momento de consumar su matrimonio (que digo yo que siendo religiosas tienen que estar casados y bien casados por la iglesia). Algo que, bien mirado, tampoco es para llevarse las manos a la cabeza. Es verdad que al pobre le sale caro echar uno, pero la cosa también se da en la especie humana y con peores resultados, sólo hace falta ver la cantidad de parejas en las que ella se pasa la vida comiéndole la cabeza a él y encima al final ni moja ni nada, eso sí que debe de ser triste.
A lo que íbamos. Decía que mucho se ha dicho de los que mojan, pero poco, muy poco se ha dicho sobre la cruel vida que tienen que llevar los mantis que, intentando huir de tan angustioso final, se resisten a caer en las garras de semejantes víboras procurando permanecer solteros por todos los medios.
Mal lo deben de pasar en su adolescencia, que tiene que darte muy mal rollo estar seguro de que todas las mantis de la pandilla sepan que todavía eres virgen. Pero peor de adulto, que no te quiero contar nada cuando tengas un trabajo y aparezcas -mañana sí y mañana también- para aguantar las murmuraciones de tus compañeras preguntándose sino serás un poco rarito, o lo que es peor, dándose codazos unas a otras mientras comentan lo típico que todas las compañeras de trabajo comentan en estos casos: “pobre, seguro, seguro que su mujer no se la come bien” .
Y esas cosas duelen.
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1446. Martes, 4 agosto, 2009
Agosto 4, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo sexto: “Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre” (Proverbio Africano)
La crueldad femenina llega -a veces- a unos límites que son difíciles de comprender hasta por las mentes más retorcidas y perversas.
El cóndor, el ave carroñera más grande que existe, es un animal completamente monógamo y con una característica muy peculiar: sólo se aparea cada dos años. El acoplamiento se produce después de que el macho realice -a más de tres mil metros de altura- largas paradas nupciales que le dejan al borde del agotamiento. Y todo con un único motivo: impresionar a su hembra y que ella le permita desfogarse. ¡Por fin!
Pues bien, después de esperar los dos años para que aquello pueda ocurrir, después de dejarse las plumas exhibiéndose delante de la única compañera que va a tener en toda su vida, después de semejantes sacrificios, más del 50% de las señoritas cóndor se niegan a realizar la cópula con su sufrido compañero… al que no le queda más remedio – lo de la monogamia lo llevan a rajatabla- que esperar otros dos años para que ella vuelva a encontrase en celo y tener la suerte de que entonces a la señora cóndor le apetezca.
Crueles no es la palabra, no… habría que inventarla.
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1434. Miércoles, 1 julio, 2009
Julio 1, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo cuarto: “Primero el hombre aprende en la vida a andar y hablar. Mas tarde, a sentarse tranquilo y mantener la boca cerrada. (Marcel Pagnol, 1895-1974; escritor francés)
Una ballena macho –y lo han dicho en los documentales delados así que tiene que ser verdad- expulsa en cada eyaculación 1.600 litros de semen (tirando por lo bajo, cuarto y mitad de un camión de puleva). Una cantidad que, por cierto explicaría el nombre del animal: balleno, aunque eso es otra historia. De esos 1.600 litros, sólo un 10 % (traducido para los de la f.p., 160 litros) entrarán en la ballena hembra mientras que los otros 1.440 litros se quedarán flotando en el mar. Y así con cada bicho.
Dicho lo cual, dos normas básicas para este verano en la playa: casi que no deberíamos preguntar qué es eso blanco que hay en la orilla, y mejor, mucho mejor, meterse en el agua con la boca cerrada. Que por muy de ballena que sea no dejan de ser proteínas, y como tales de a casi 400 calorías los cien gramos. A ver si andamos con la lechuga, el pollo asado y el bi(o)manan a todas horas y luego, a lo tonto, a lo tonto, nos damos el atracón.

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1384. Viernes, 17 abril, 2009
Abril 17, 2009
Capítulo Milésimo tricentésimo octogésimo cuarto: “Si sientes en tu interior un ruido que te susurra, es….o que has logrado comunicarte con tu alma o que tienes hambre” (Charlize Theron, 1975; actriz sudafricana)
Hay que reconocer que, al menos en lo tocante a copulaciones y similares, los responsables de la creación no se portaron mal del todo mal con la especie humana en el reparto de (algunos) bienes.
Sin ir más lejos ahí están los elefantes. Vale, tendrán mucha memoria, mucha trompa y unos colmillos perfectos para hacer adornos horteras, pero luego van y resulta que sólo copulan una vez cada cuatro años. Y si además tenemos en cuenta que el periodo de la elefanta en celo dura sólo seis días, hay que reconocer que su existencia, al menos en cuestión de revolcones eróticoplacenteros, es más bien triste. Muy triste.
O no, claro. Bien mirado, ¡la de preocupaciones que se tiene uno que ahorrar sabiendo que sólo va a hacer uso del fornicio una vez cada cuatro años!… Y sobre todo, ¡con qué ganas tienes que agarrar el tema cuando te toque!
Luego dirán que es imposible poder sacar algo positivo de una situación absolutamente desesperada. Pues se puede, se puede; y más desesperada que esta no sé yo…
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1356. Jueves, 26 febrero, 2009
Febrero 26, 2009
Capítulo Milésimo tricentésimo quincuagésimo sexto: “La vejez llega inesperadamente. De pronto ya no saltas de la silla, te levantas, que es una acción distinta”. (Katharine Hepburn, 1907-2003; actriz estadounidense)
En su lucha por existir, las plantas utilizan todas las armas a su alcance conformando un comportamiento instintivo que podríamos llamar inteligente, pero que carece de emociones o de la capacidad de aprender. Vamos, que son listas las condenadas. Para reproducirse ofrecen flores y frutos a insectos y otros animales. Para asegurarse el espacio y el agua segregan sustancias que inhiben la germinación de plantas de su misma especie. Repelen a los depredadores y plagas con hormonas y sustancias tóxicas que atajan la proliferación de larvas. Incluso las ultimas investigaciones han descubierto que las plantas programan sus ciclos vitales, reúnen información del entorno y toman las decisiones más adecuadas para su supervivencia según un sistema de “computación distribuida” semejante al de una red de pequeños ordenadores. Es decir, que cada una de las hojas de la planta responde a lo que hacen las demás formando un sistema de información-reacción que permite regular con mayor precisión los mecanismos biológicos de la planta.
Aun así, para la mayoría de los científicos, todas las habilidades de las plantas, por extraordinarias que puedan parecer, no demuestran en absoluto su inteligencia y mucho menos su sensibilidad. Aceptan que éstas se mueven por propia iniciativa y toman decisiones que las benefician; por ejemplo, el tallo y las ramas de una planta se dirigen hacia una fuente de luz, y las raíces crecen hacia la humedad. Pero sus objetivos son innatos, es decir, su capacidad de reacción es similar al instinto animal; no se trata en absoluto de facultades aprendidas en un proceso de educación. La planta no aprende ni agrega ninguna capacidad adicional como fruto de la experiencia, por lo que no puede decirse de ellas que tienen sentimientos o inteligencia en el sentido estricto de la palabra.
Dicho lo cual, pensaba yo que parece mentira la cantidad de nombres propios de gente -de los que habitualmente nos rodean-, que pueden ser capaces de sustituir en la parrafada anterior a la palabra “planta” sin desvirtuar absolutamente nada del texto y encajando como anillo al dedo. Sobre todo en el entorno laboral. El mundo es un pañuelo.
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1312. Viernes, 12 diciembre, 2008
Diciembre 12, 2008
Capítulo Milésimo tricentésimo duodécimo: “Es más fácil amar a la humanidad en general que al vecino” (Otfried Höffe, 1943; filósofo alemán)
Las ostras pueden cambiar de sexo varias veces en su vida. Todo depende de la cantidad que haya de un mismo sexo: si proliferan las hembras, la mitad se vuelven machos y, la temporada siguiente, si hay muchos machos, se vuelven hembras.
Y luego venga a decir que la especie más evolucionada es la humana. Desde luego no será en algunas cosas.
Hasta el martes pues.
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1282. Martes, 28 octubre, 2008
Octubre 28, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo octogésimo segundo: “Las croquetas deberían tener hueso, para que pudiésemos llevar la cuenta de la que comemos” (Celestino P. paciente a dieta)
Los caracoles son hermafroditas, al estar equipados de un pene y del órgano receptivo correspondiente pueden producir tanto espermatozoides como óvulos. Evidente ventaja que multiplica por dos las posibilidades que tiene cualquier caracol de encontrar a otro caracol con el que enrollarse sin tener que andar mirándole su carné de identidad.
Aunque ahí no queda la cosa, su revolcón (que consta del lanzamiento uno al otro de una saeta espiral de carbonato cálcico, que desaparece en el interior del receptor, donde se disuelve y libera el esperma) viene a durar una media de 4 horas.
Doble de oportunidades para ligar y cuatro horas de placer garantizado. Sin duda bastarían como estupendas razones para admirar a estos bichos. Pues con todo y con eso hay otra razón, mucho más importante, por la que uno profesa una insana envidia a estos bichos (hasta el punto de desear -aunque sólo fuera de lunes a jueves- ser uno de ellos ). Resulta que se pasan siete meses al año durmiendo. Y no duermen cualquier mes los muy listillos, no, lo hacen desde octubre hasta finales de abril, precisamente los meses en los que más sueño tenemos, más nos cuesta levantarnos y mas a gusto de está en la cama.
Luego dirán que si son unos babosos, que sin son unos arrastrados y que si son unos cornudos.. ya… pero dame pan y dime tonto.
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1252. Martes, 16 septiembre, 2008
Septiembre 16, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo segundo: “Amor es ese afecto desengañado que sobrevive tras un instante de baba”. (Emil Cioran, 1911-1995; filósofo y ensayista rumano)
Naturaleza práctica. Hay unas serpientes, las jarreteras, cuyas hembras atraen a sus compañeros lanzando olorosas feromonas. Unas feromonas capaces de conseguir que todos los machos que se encuentren en las inmediaciones se abalancen como locos sobre ella. La atracción es tal que se llegan a formar grupos de más de 100 admiradores pegados a la pobre serpienta.
Pero como listos hay en todos los lados, resulta que algunos le han encontrado otra utilidad más a esta atracción olorosa. Hay machos que cuando salen de hibernar empiezan a segregar las mismas feromonas que las hembras atrayendo así a otros machos que se pegaran a él para calentar su cuerpo.
¡100 machos ansiosos de sexo pegados a tu cuerpo para darte calor! Con una imagen así a ver quien es el guapo que trabaja esta mañana.
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1237. Viernes, 22 agosto, 2008
Agosto 22, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo séptimo: “El romanticismo es la etapa entre el hola y la cama” (Carlos P. 29 años, RR.PP.)
Aunque el mecanismo básico es como el de los otros insectos: el macho le pasa a la hembra una pequeña bolsa repleta de espermatozoides (que él consigue flexionando su abdomen en una maniobra similar a la masturbación) y ella se los guardará para introducírselos cuando más le convenga, (ya sin la ayuda de su “amante”), el coiteo entre libélula y libélulo no deja de tener su aquel.
Y es que, una vez que se han decidido a intercambiar fluidos, ambos se fijan entre sí mediante una pinza que el macho tiene al final de su abdomen y con la que sujeta a la hembra por la base de la cabeza. La falsa cópula, la entrega de la bolsa por parte de él a ella, se produce en el momento justo en que los cuerpos de los dos insectos, que están volando, se curvan formando un corazón.
Desde luego la cosa no puede ser más insulsa … pero hay que reconocer que la casualidad no deja de tener su encanto. El lunes, más.

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