1508. Viernes, 20 noviembre, 2009
Noviembre 21, 2009
Capítulo Milésimo quingentésimo octavo: “Nada causa tanto remordimiento de conciencia como una bicicleta fija que no se usa” (Paulino R. 46 años, funcionario)
El 70% de las mujeres (dice que) las rechaza. Y aunque semejante dato hay que ponerlo en cuarentena por la habitual tendencia femenina a esconder sus habilidades (ahí está el ejemplo de Marilyn Monroe que siempre lo negaba pero cuando firmó su primer contrato salió gritando “!esta es la última polla que chupo”! y luego una revista la proclamó -gracias a su trayectoria- como “la mejor máquina de bombear del mundo“), hay que reconocer que el rechazo entre las féminas a las prácticas orales -aunque cada vez menos- parece seguir siendo mayoritario.
Sin embargo, al 84,5 % de los hombres les gusta. Y les gusta mucho.
Conclusión: a no ser que seas alguno de los dos privilegiados por cada mil individuos que son capaces de practicársela a ellos mismos (y que conste que la mayoría de quienes logran semejante proeza no deben su éxito al tamaño de su miembro sino a sus dotes de contorsionista), estamos ante una razón más (y ya van unas cuantas) por las que el sexo más placentero será aquel que se practique sólo y exclusivamente entre hombres. Hasta el lunes.
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1503. Viernes, 13 noviembre, 2009
Noviembre 13, 2009
Capítulo Milésimo quingentésimo tercero: “El verbo leer, al igual que el amar, no soporta el imperativo” (Daniel Pennac; 1944, escritor francés)
Aunque su fin sea reproducirse, nunca dejan de lado el placer que les produce hacerlo. A nadie le amarga un dulce. Por eso, y como la mayoría de las veces quedan insatisfechas con sus parejas, -ellos suelen concluir su coiteo en apenas treinta segundos-, las féminas de la especie suelen conseguir el orgasmo a fuerza de mover sus músculos perivaginales como si fueran un puño en lo que es una masturbación en toda regla.
Visto lo visto, la única diferencia entre la vida sexual de las elefantas y las de muchas mujeres humanas, es que las paquidermas pueden disponer, aunque sólo sea durante unos míseros treinta segundos, de un pene que puede llegar a pesar hasta los cuarenta y cinco kilos. Que ya quisieran muchas.
No somos tan distintos, no. Hasta el lunes pues.
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1437. Martes, 21 julio, 2009
Julio 21, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo séptimo: “Cuando una mujer hermosa ríe, la bolsa de alguien llora”. (Refrán italiano)
Mujeres: personas especializadas en complicarse la vida.
Cualquier fiesta. Dos tíos clavan su mirada el uno en el otro. Se acaban de dar cuenta de que llevan el mismo traje, los mismos zapatos y hasta el mismo color de la corbata. Reaccionan a gritos: “Peeeeeero tío…. si vamos igual.. sí señor, así se hace, que se note la elegancia, pero si somos los más guapos de la fiesta joder!!! Venga, vamos que te invito a una copa”. Gracias a la coincidencia pasarán de desconocidos a colegas en menos de cinco minutos.
Cualquier fiesta. Dos tías se cruzan una mirada desafiante. Una va vestida de azul eléctrico, la otra de verde pistacho (en tonos melón), pero la mirada de cada una de ellas se ha clavado en los zapatos de la otra: la misma hebilla dorada, el mismo tacón de 8 centímetros, el mismo tono rosa chicle.. las dos llevan los mismos zapatos y las dos le comentan lo mismo a la amiga que les acompaña “!Pero tú has visto tía…. si me ha copiado los zapatos, será zorra la tía! Ya está tía, esta tía me ha amargado la noche. Tía.”
Mujeres: personas especializadas en complicarse la vida.
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1225. Martes, 5 agosto, 2008
Agosto 5, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo vigésimo quinto: “En la vida se ha de saber de todo” (Andrew Hepburn en Desayuno con Diamantes; Blake Edwards, 1961)
Un verano de ideas prácticas selección oro. Hoy: cómo hacerse rico escribiendo.
Estadísticamente, una mujer puede tragarse unas mil barras de pintalabios a lo largo de su vida. Más de 4 kilos de aceites, ceras y otras sustancias inocuas usados a todas horas.
¿Nadie ha tenido todavía la idea de publicar un libro con “los 1.080 objetos que una mujer puede llegar a utilizar como espejo para retocarse los labios“?
Tiene el éxito asegurado.
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1222. Jueves, 31 julio, 2008
Julio 31, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo vigésimo segundo: “No se comprende cómo las mujeres no triunfan todas, no teniendo en casa, como no tienen, ninguna mujer que se lo impida”. (Noel Clarasó, 1905-1985; escritor español)
Cuentan que en cierta ocasión Albert Einstein se encontró con Charles Chaplin, cuyas películas eran muy admiradas por el creador de la Teoría de la Relatividad. Tratando de ser amable le dijo: “Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le entiende y le admira”. A lo que Chaplin le respondió: “Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie le entiende”.
Después de una entretenida tarde en la grata compañía de algunas de ellas, un servidor ha acabado pensando de las mujeres exactamente lo mismo que Chaplin de Einstein.
Simple casualidad. Supongo.

… la indecencia de una mano desnuda
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1218. Jueves, 24 julio, 2008
Julio 24, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo decimonoveno: “Es difícil crear ideas y fácil crear palabras; de ahí el éxito de los filósofos”. (André Maurois, 1885-1967; novelista y ensayista francés)
Corre por internet un viejo chiste en el que, con una cierta lógica, se explica el significado de las protuberancias que todos tenemos en la punta de los senos: es Braille y significa “chupe aquí”. Pues bien, aunque pocos son consientes de ello, quien más y quien menos toca, soba y hasta magrea unos cuantos pezones propios o ajenos varias veces al día. Y la mayoría lo hace a diestro y siniestro y sin el menor recato.
Los pezones son, entre otras muchas acepciones y según la R.A.E. -que son los que saben más de estas cosas-, los asideros de las bolsas.
Es decir, que cada vez que bajas la basura o vas al carrefour y te traes unas cuantas a casa resulta que estas agarrando, sin el menor pudor y con el máximo descaro, un par (o más) de pezones en cada mano. Pues que bien.
Por cierto, y ya que estoy con tan exótico asunto ¿es alguna extraña idea mía o cada vez es más frecuente que los maniquíes tengan pezones? En su acepción más común, digo.
Hasta el lunes.

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1217. Miércoles, 23 julio, 2008
Julio 23, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo decimoséptimo: “¿Te acuerdas cuando éramos pequeños y viajábamos en autobús al colegio? Yo sacaba el culo por la ventana y tú la cabeza, y todos creían que éramos gemelos”, (Alberto F., 32 años, en paro)
Si la “actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres” se denomina machismo, y quien la ejerce, machista; ¿cómo se llama la actitud de prepotencia de las mujeres con respecto a los varones?
¿Feminismo?
Y las mujeres que la ejercen… ¿feministas?
En ningún momento afirmo, sólo pregunto.
Y hablando de mujeres, no es que particularmente me importe lo más mínimo, pero ya que una de ellas (en un arriesgado gesto que podría costarle muy caro), se ha atrevido a romper el infranqueable muro de silencio que rodea a las acciones propias del sexo femenino, qué menos que compartir como se merece tan estremecedor testimonio. Por fin, una de ellas se atreve a contar las verdaderas razones por las que las mujeres tardan tanto en mear. Un pequeño paso las féminas, un gran paso para la lógica.
“Mi mamá era una fanática de los baños públicos. De chiquita me llevaba al baño, me enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.
Finalmente me instruía: “Nunca, nunca te sientes en un baño publico” Y luego me mostraba “la posición” que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza. Eso fue hace mucho tiempo. Pero aun hoy en nuestros años más maduros, “la posición” es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está que revienta.
Cuando “tienes que ir” a un baño publico, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que los calzones de Brad Pitt están a la venta y a mitad de precio. Así que esperas pacientemente y sonríes amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando las piernas.
Finalmente te toca tu turno. Verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa…
Cuelgas tu bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa que te colgaste al cuello, porque el bolso está lleno de mierdas que fuiste tirando adentro – la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso -.
Pero volviendo a la puerta… como no tenía picaporte, solo tienes la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas las bragas y tomas “la posición”… Alivio…… AAhhhhhh….. Mas alivio… Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar….
Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, así que te quedas en “la posición” mientras tus piernas tiemblan tan fuerte que registrarían 8 en la escala de Richter, sin contar la salpicada finiiiiiita del chorro se que pega en la loza y que¡¡¡te moja hasta las medias!!! ¡¡¡que seguramente se va a notar!!!
Para alejar tu mente de esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico, peroooo, joooooder…! el rollo esta vacío…!. Tus piernas tiemblan cada vez más. Recuerdas el pedacito de papel con el que te limpiaste hace un rato la nariz. Eso tendrá que ser suficiente. Lo arrugas de la manera mas esponjada posible. Pero es más pequeño que la uña de tu dedo y encima todavía esta mojado de moco…
En eso, alguien empuja la puerta de tu baño y como el cerrojo no funciona recibes tremendo viandazo en la cabeza. Les gritas caliente:
¡¡¡ OCUPADOOOO !!!”, mientras continúas empujado la puerta con tu mano libre y el pedacito de kleenex que tenías en la mano se te cae exactamente en un charquito que hay en el suelo y no estás segura si es agua o meao…. y te vas de espalda y te caes sentada en el inodoro.
Te levantas rápidamente, pero ya es demasiado tarde, tu culo ya entró en contacto con todos los gérmenes y formas de vida del asiento porque TU nunca lo cubriste con papel higiénico, que de todos modos no había, aún cuando hubieras tenido tiempo de hacerlo.
Sin contar el golpe en la cabeza, el desnuque con la correa del bolso, la salpicada del chorro en las piernas y en las medias, la que te conté, que todavía esta mojada… el recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima de ti, si supiera; porque su culo nunca toco el asiento de un baño publico, porque francamente, “tu no sabes qué clase de enfermedades podrías agarrar ahí”.
Pero la debacle no termina ahí… ahora el sensor automático del baño está tan confundido que suelta el agua como si fuera una fuente y manda todo al colector con tal fuerza que te tienes que agarrar del tubo que sostiene el papel de baño (cuando hay) por miedo a que te vaya a chupar y vayas a aparecer en la China.
Aquí es cuando finalmente te rindes. Estás empapada por el agua que salió del baño como fuente. Estás exhausta. Tratas de limpiarte con un celofán de uno chicles Adams; luego sales inconspicuamente al lavamanos. No sabes cómo funcionan con los sensores automáticos así que te limpias las manos con saliva, te las secas con una toalla de papel y sales pasando junto a la línea de mujeres que aun están esperando con las piernas cruzadas y en estos momentos eres incapaz de sonreír cortésmente.
Un alma caritativa al final de la línea te dice que vas arrastrando un trozo de papel higiénico (pegado a tu zapato) ¡¡ del largo del río Mississippi…!!…Arrancas el papel del zapato, lo depositas rudamente en la mano del alma caritativa que te dijo que lo traías pegado y le dices suavemente: ¡¡¡ Toma… puedes necesitarlo…!!!” y sales.
En este momento ves a tu chico que ha entrado, usado y salido del baño de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras te esperaba. “¿Por qué tardaste tanto?” te pregunta azorado. Aquí es cuando le das una patada en los huevos y lo mandas a tomar por el culo.”
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1119. Viernes, 1 febrero, 2008
Febrero 1, 2008
Capítulo Milésimo centésimo decimonoveno: “El que reclama igualdad de oportunidades acaba exigiendo que se penalice al bien dotado”. (Randall Stuart Newman, 1943; compositor y cantante estadounidense)
Trabajar para el Estado -en alguna de sus múltiples versiones- es lo que tiene. Salvo que aspires a ser subsecretario de algo puedes ir vestido como te de la real gana. Cada mes y tres días hay una moda nueva. Esta semana es que los tíos lleven chaleco. La idea viene del departamento de recursos humanos que es donde descansan todos los que no tienen nada que hacer, lo que les permite pensar mucho.
El chaleco es una prenda que se inventaron los señores con abdomen abundante y que usaban mayormente para que al sentarse a comer no se desparramaran mucho sus estómagos y sus barrigas. El problema del chaleco es que sólo favorece a los que están bien hechos y no tienen mollas, o sea a los que no necesitan chaleco.
- Yo creo que ése debería de venir desnudo a trabajar- le dice Mariasun a su compañera de mesa mientras la porra se chupa todo el café.
- No seas guarra Loli, que siempre estás con lo mismo.
- Seré guarra, pero el tío está para hacerle un traje de saliva.
- Si lleva chaleco, es que es maricón – salta Mariavanesa arrastrando una silla para colocarse en medio de la tertulia y tomar las riendas de la conversación.
-De eso nada. Los maricones van marcando paquete y éste va de tergal.
-Entonces es que la tiene pequeña- sentencia Mariavanesa mientras recoge de su blusa las migas de la palmera de chocolate que se acaba de meter entre pecho y espalda.
-Serás gili, qué sabrás tú que las únicas que has vito son las que salen en la páginas de la internet.
- Loli, pregúntale si lleva calzoncillos cortos o largos, que me muero de curiosidad.
-¿Yo? Qué corte, Mariasun. Pregúntaselo tú.
- Es que igual piensa que me lo quiero tirar o algo.
-¿No dices que te gusta? Pues tíratelo y déjame en paz, por Dios, qué pesada.
Parece que la igualdad entre hombre y mujeres se empieza a notar en el mundo real. De una forma sutil todavía, pero se empieza a notar. Trabajar para el Estado -en alguna de sus múltiples versiones- es lo que tiene. Hasta el lunes.

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1118. Jueves, 31 enero, 2008
Enero 31, 2008
Capítulo Milésimo centésimo decimoctavo: “Soy testigo de escenas sangrientas” (Pintada en la puerta de un retrete de señoras)
Para la mayoría de los hombres (individuos de sexo masculino), ir a retretes ajenos es un asunto sencillo. Sin embargo, para las mujeres se trata de un misterioso y complejo ritual social. Mientras que para el 90 por ciento de los hombres la visita consiste en mear y (algunos) en lavarse las manos, las mujeres suelen ir más para maquillarse, peinarse y, sobre todo, hablar.
O eso pensaba yo.
Según las respuestas a una encuesta que ha hecho una conocida marca de papel de culo, la cosa no es tan sencilla:
- Un 8 por ciento de las mujeres entrevistadas admitió haber meado alguna vez en el lavabo de un retrete público.
- Un 17 por ciento haberse quedado dormida.
- Un 53 por ciento haber vomitado.
- Un 2,5 por ciento haberse masturbado con el bote de laca.
- Un 4 por ciento haber disfrutado con un trío allí mismo.
- Un 25 por ciento haber proporcionado placer carnal a alguna pareja en cualquiera de sus múltiples formas.
- Un 13 por ciento haberse pelado con la máquina de los preservativos que suele haber.
Y eso en España que somos normalitos, que por ahí la cosa está más complicada. A pesar de lo que tienen encima los nigerianos, a miles de ellos, en este caso hombres y mujeres, les ha dado por ir en peregrinación al retrete de uno de sus paisanos, la señora Christiana Ejembi, y todo para poder ver el lugar donde a esta buena mujer se le ha aparecido la Virgen. Precisamente su retrete. Las visitas están siendo tantas que la señora Ejembi ha impuesto un estricto control de acceso y solo deja entrar tres personas a la vez.
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1103. Jueves, 10 enero, 2008
Enero 10, 2008
Capítulo Milésimo centésimo tercero: “No me gusta el término “ama de casa”. Prefiero que me llamen “diosa doméstica”… es más descriptivo.” (Roseanne Barr, 1952; actriz estadounidense)
El señor M.A. era un eminente músico que había acudido a la consulta de un neurólogo porque tenía problemas para identificar las cosas de su entorno. Ya en alguna ocasión le habían sorprendido dando palmaditas en la parte superior de las bocas de incendios creyéndolas cabecitas de niños o iniciando una conversación con el picaporte de una puerta.
Tras la revisión, el señor M.A. salió de la consulta. De repente, se detuvo en seco, rodeó el coche y se dirigió al asiento que ocupaba su mujer, la agarró del cuello de la camisa y por las orejas e intentó ponérsela en la cabeza.
Se trata de un hecho real comentado por el famoso neurólogo Oliver Sacks. En este caso concreto, el señor M.A. padecía una pérdida cognitiva aguda: su cerebro era capaz de ver, oír, sentir y escuchar perfectamente, pero no podía emitir juicios personales. Así, metía a su mujer en la misma categoría conceptual que un paraguas o un sombrero.
El problema es la cantidad de hombres empeñados en tratar a las mujeres como el señor M.A. a la suya. Aunque con una sutil diferencia: en vez de padecer perdidas cognitivas agudas, lo que padece es una soberana gilipollez crónica. Entre otras muchas cosas.
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