Capítulo Milésimo quingentésimo cuarto: “¿Por qué si ves a los orientales en grupo siempre dices “mira, japoneses”, pero si los ves individualmente dices “mira, un chino”?” (Fernando G. 60 años, funcionario)

Las abuelas están empeñadas en cebar a sus nietos porque te sacan a pasear y, desde que el mundo es mundo, entre abuelas que te sacan a pasear hay una competición para ver quien tiene el nieto más gordo. Tú le das a una abuela un niño delgado y lo que le das es un disgusto. Y de los gordos.

Por eso, cuanto más gordo estés, más te obligan a besar a otras abuelas. “Mira, ahí viene Pilarita, dale un beso”. Y te aprieta la mano, y se lo das, ¡vaya si se lo das! Y Pilarita se agacha con intención de que la beses, y justo cuando pasa junto a tu oreja grita “aaaayyyyyyyyyyyyyyyyy pero está preciosidad ¿quién es?” Y la abuela, tú abuela, en pose oficial de abuela orgullosa, monedero pillado en la axila izquierda, ese brazo derecho debajo de esas enormes tetazas de abuela (es curioso, pero por más plana que sean de jóvenes cuando llegan a abuelas le salen tetazas de abuela, misterios de la naturaleza) contesta orgullosa “¡mi nieto, el mediano!” y la señora, la Pilarita, te arrima ese maquillaje seco de toda la semana que tiene por mejilla y no te queda más remedio que plantarle un beso que es lo más parecido a besar a una momia del museo británico y del que vas a tardar mucho, pero mucho tiempo, en recuperarte.

Yo también tuve una abuela que me sacaba a pasear.

 

… más cuento que Calleja

Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo

Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo: “Si deseas felicidad de los demás, sé compasivo. Si deseas tu propia felicidad, sé compasivo” (Proverbio chino)

Todo empieza dentro unos pequeños tubos: los seminíferos, que los fabrican. Desde allí tienen que recorrer un largo camino, maduran en el epidídimo, pasan por el conducto deferente, van hasta la vesícula seminal, siguen por el conducto eyaculador, se hacen amigos del líquido prostático, y al final salen lanzados a toda velocidad.

La mayoría de las veces… hacia la nada.

Ya es hora de reivindicar a los pobres espermatozoides que mientras el óvulo espera tranquilamente, ellos tienen que vencer un montón de obstáculos para poder cumplir su desagradable misión.

¡Pero qué falta le está haciendo a todos los espermatozoides del mundo un buen asesor de imagen!

… bifocales

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo octogésimo quinto: “La gordura en los hombres tiene tres etapas: cuando no te la ves, cuando estás empalmado y no te la ves, y cuando te la están chupando y no sabes quien es” (Miguel T. 45 años, endocrino)

En ciertas facetas de mi vida soy un tipo de lo más considerado. En mi búsqueda del equilibrio suelo calcular mis fuerzas y ver que retos puedo asumir y cuales no, única manera de estar seguro de que sólo voy a acometer aquellas tareas que pueda realizar sin sucumbir al peso que supondría tener demasiadas obligaciones.

Por eso, y por mí muy noble afán de que los demás también deben de tener sus quince minutos de gloria, creo que dejar que otros trabajen por ti, incluso permitir que hagan el trabajo de uno mismo, no deja de ser una acto de bondad suprema, acto que intento llevar a cabo en cuanto se me presenta la más mínima ocasión. Como debe de ser.

Nunca hay que exponerse a riesgos innecesarios pero pocas veces está de más dejarnos llevar por esos pequeños caprichos (incluso abusado de ellos) que tanto nos apetece hacer por nuestros semejantes, y más sabiendo que hay gente deseando tenderte una mano para demostrarte que ellos también merecen la pena. No voy a ser yo quien le quite la ilusión por abrirse. Por eso, aunque esté feo que yo lo diga, y en un gesto de caridad que me honra, me he acercado a la chica nueva que ha empezado a trabajar hoy y le he dado todos mis informes pendientes para me los vaya adelantando.

No me importa renunciar a al trabajo cuando la causa merece la pena. Yo soy así, bueno, noble, sacrificado por los demás, desprendido por naturaleza.

De nada.

… coger una turca

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo septuagésimo sexto: “El orden es la primera ley del cielo” (Alexander Pope 1688-1744; poetas inglés)

Nueve de cada diez expertos lo afirman tajantemente: la regla número uno de todo aquel que quiera tener un buen hábito de trabajo será despejar su mesa de todo papel que no se refiera al problema inmediato que uno tenga entre manos.

El mero espectáculo de una mesa atestada de correspondencia no contestada, informes o escritos atrasados es suficiente para provocar la confusión, la tensión y las preocupaciones. Sólo el recuerdo o constante de “un millón de cosas que hay que hacer y de lafalta de tiempo para hacerlas” puede provocar, además de agotamiento, estrés y fatiga, problemas de salud a más largo plazo.

Yo no sólo voy a hacer caso a los expertos sino que estoy dispuesto a dar un paso más: despejar la mesa de todo, incluido el problema inmediato que uno debería de tener entre manos. Hay que hacer caso a los que saben. Cuando la salud está en juego cualquier precaución es poca.

Además, muerto el perro se acabó la rabia.

…cocina medieval

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1466. Lunes, 21 septiembre, 2009

Septiembre 21, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo sexto: “Hasta que me liberé de mis hermanos mayores y empecé el cole, creía que me llamaba “cállate”. (Rodney Dangerfield, 1921-2004; actor estadounidense)

Una de las situaciones más tensas que se producen entre dos seres humanos, sobre todo si son seres humanos hombres, ocurre en los lavabos/baños y/o servicios de los centros de trabajo. Por más cuidado que le pongas, por más que busques la hora en la que se supone que no va a entrar nadie, pocas veces te librarás de salir del retrete y encontrarte con algún compañero que, haciendo como que se lava las manos, lanzará miraditas de sorna para hacerte notar que ha escuchado los sonidos varios que suelen acompañar a los ejercicios intestinales que acabas de realizar.

Hoy, en peluche práctico, una idea para evitar -en la medida de lo posible- que esos ruidos evacuatorios, (que tan a gusto nos dejan y a los que no queremos ni debemos renunciar durante el horario laboral) puedan ser escuchados por compañeros fisgones.

Muy simple, cogemos el rollo de papel del culo haciendo una bola (con el papel no con el rollo) del tamaño que uno pueda prever (según necesidad y experiencia pero teniendo siempre en cuenta que el papel lo paga el centro de trabajo… por lo que conviene no ser rácanos) y la colocaremos en el fondo, con el fin de que, cuando caiga el monigote lo haga sobre blandito, amortiguando la caída y evitando así los incómodos ruidos.

Ah, y un valor añadido: de paso evitaremos que al caer nos acabe salpicando… que hay veces que… en fin.

… quitando hierro

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo tercero: “La televisión es el espejo en donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural” (Federico Fellini, 1920 – 1993; director de cine y guionista italiano)

La frenética actividad que he desplegado a lo largo y ancho de estos días de vacaciones me ha permitido observar -con más detalle- uno de esos profundos comportamientos humanos adquiridos, fruto, sin duda, del impecable y cabal perfeccionamiento humano gestado a través de siglos y siglos de civilización.

Coges el mando de la tele y empiezas a apretar el botón.. , la uno, la dos, la tres, la cuatro, la cinco, la seis…; un suspiro y un resignado comentario: “pero si no echan nada en ninguna!“. Aún así, y antes de que pasen tres segundos, vuelves a apretar el botón.. la seis, la cinco, la cuatro, la tres, la dos, la uno… y !oh sorpresa!, ¡pero si siguen sin echar nada en ninguna!

El ilimitado número de veces en que he podido desplegar dicho comportamiento unido a las pocas variables introducidas en su desarrollo, hace que la conclusión de un acto tan extendido deje poco margen estadístico al error: somos gilipollas.

… globos

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo primero: “Las puertas de los centros comerciales o los bancos son iguales que las de mi prima Paquita, cuando detectan movimiento se abren” (Pedro D. 21 años, estudiante)

Que lo hagan los perros, unos animales tontos capaces de ponerse a babear sólo por oír una campana, tiene su lógica. Pero, ¿por qué los niños tienen esa manía de salir escopetados –chillidos histéricos incluidos- para intentar coger a las palomas cada vez que alguna de ellas se cruza en su camino?

Y lo que todavía es más siniestro: en el (muy) hipotético caso de que alguno pille alguna ¿qué pretenderá hacer con ella?

Escalofríos me han entrado de imaginarme la situación, escalofríos.

Pues eso, que había pensado yo que después de tanto tiempo, lo mejor que podía hacer hoy era empezar rompiendo un poco el hielo. Dejo la imagen, transmitida en tiempo real mediante una compleja red de satélites de última generación, de que así está siendo.

Y es que estoy muy cansado, llevo seis días sin dormir… menos mal que puedo dormir por las noches. Ya mañana, si eso, nos metemos en harina.

… para perderse

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo sexto: “Nosotros, los andaluces, hablamos el español sin las dificultades propias del idioma” (Manuel Machado, 1874-1947; poeta español)

Parece mentira lo que da de sí el lenguaje. Una misma palabra lo mismo te puede valer para formar un apellido de princesa que para hacer el lema publicitario de una agencia de viajes gay. Roca, sol y ano… y a disfrutar este verano.

Una chorrada, lo sé, pero tampoco se puede pedir más teniendo en cuenta las circustancias: es lunes, es agosto y !estamos en el trabajo!… algo que, lo mires por donde lo mires, jode más que estornudar mientras estás meando.

… probando espadas

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo primero: “Si cuando te acuestas te pica el culo, cuando te levantas te huele mal el dedo” (Proverbio cantonés)

Por alguna extraña razón, está muy extendida la idea de que si hablas con una persona tienes que estar mirando a sus ojos. Posiblemente sea una degeneración residual excedente fraguada en nuestros años infantiles cuando, coincidiendo con aquel momento en que llevabas las notas a casa (entre otros muchos momentos), una madre cabreada (y una madre cabreada de nuestros años infantiles no tiene nada que ver con una madre cabreada de ahora) solía decirte aquello de “cuando venga tu padre te vas a enterar de lo que vale un peine so vago… !y mírame cuando te hablo!”, pero por más vueltas que le doy no logro entender el por qué hay que mirar a los ojos a quien te está hablando teniendo, como tienen muchos, partes bastantes más interesantes que mirar. ¿Acaso alguien escucha por los ojos?

Y ya que estamos profundos, ¿quién coño envuelve los chupachupeses que no hay manera de desenvolverlos sin montar el número? ¿Por qué siempre que vas a los retretes de los centros comerciales están cerrados por limpieza? ¿Aquellos que perdieron la virginidad en la ducha se empalmaran cuando llueve? Y sobre todo, ¿por qué cuando alguien tiene un gatillazo siempre dice que es la primera vez? ¿nadie ha estado nunca con un reincidente?

Tantas preguntas y tan poco tiempo. Los lunes es lo que tienen… con tal de no trabajar cualquier cosa.

… snob

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Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo sexto: “Cuando saltes de alegría, cuida de que nadie te quite la tierra debajo de los pies.” (Stanislaw Jerzy Lec, 1909-1966, escritor polaco)

Distraído, descentrado, alejado de la realidad, desvinculado del interés del momento, sin capacidad para hacerme cargo de la situación… si me dieran un euro cada vez que me han dicho que dejara de estar en la Luna y volviera a la realidad ya sería millonario.

Y sin embargo, mirar la Luna, posarse en ella, puede ofrecer nuevas perspectivas. La Luna es reflexión. Nos da qué pensar, nos hace pensar. Nos saca del limitado horizonte de lo inmediato, nos enseña otras pisadas, las que se muestran en un determinado soñar, imaginar, desear, las que sustentan la capacidad de procurar algo diferente, algo mejor. Si no pasamos por ello, si no somos capaces de estar en la Luna de vez en cuando, nos perderemos los mejores espacios para disfrutar en la Tierra.

En la Luna estoy, precisamente el día en que se cumplen 40 años desde que Neil Armstrong pisara por primera vez su superficie, y, aunque teóricamente hoy tengo que volver a la (frenética) actividad laboral, no pienso bajarme de ella tan fácilmente. De aquí y hasta mi segunda tanda de vacaciones (que empezarán el siete de agosto), pienso trabajar menos que el spray antivioladores de Susan Boyle. Ganas no me faltan.

He vuelto. A la fuerza. Hoy, como mal lunes que es, sólo una tonta introducción, mañana ya, al turrón..

… un nombre poco conveniente

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