1512. Jueves, 26 noviembre, 2009
Noviembre 26, 2009
Capítulo Milésimo quingentésimo duodécimo: “La edad madura es la época en que la cena romántica a la luz de las velas no importa tanto como leer el menú claramente con luz eléctrica” (André Maurois, 1885-1967, novelista francés)
Ya sé que según aquella clasificación que aprendimos en el colegio estamos en distinto reino, pero no somos tan diferentes de los árboles. Tenemos más similitudes de las que creemos. Sólo hay que ver lo frondosos que, como ellos, nos vamos poniendo según van pasando los años.
De hecho, igual que puede saberse la edad de un árbol por los aritos que le van saliendo en el tronco, se puede saber la edad de un hombre por los aritos que nos van saliendo en la cintura.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1494. Viernes, 30 octubre, 2009
Octubre 31, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo cuarto: “Al pasar los cuarenta años, todo hombre que posea alguna capacidad intelectual, es decir, todo hombre que tenga un poco más de inteligencia que la concedida por la naturaleza a las cinco sextas partes de la humanidad, difícilmente dejará de presentar algunas señales de misantropía” (Confucio, 551 – 479 a.C; filósofo chino)
Andaba yo metafísico pensando en que si todos fuéramos lagartijas no habría hambre en el mundo (podríamos comernos nuestra propia cola todas las veces que quisiéramos y nos volvería a crecer) cuando he caido en la cuenta: cuanto más mayores somos más malpensados nos volvemos.
De niño te comes un plátano tan tranquilo. A ver quien de mayor no se siente raro cuando se mete un plátano en la boca. Y mira que al final siempre lo acabas saboreando.. pero ese primer mordisco..!ay ese primer mordisco!
Lo dicho, cuanto más mayores somos más malpensados nos volvemos. Hasta el lunes pues.

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Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1476. Jueves, 8 octubre, 2009
Octubre 8, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo septuagésimo sexto: “Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta” (Proverbio coreano)
La generación que tenemos por encima se pasó la vida juntando los puntos que traían los sobres de sopa gallinablanca para que les dieran –gratis- una cubertería de acero inoxidable. La generación que tenemos por debajo se pasa la vida juntando puntos para que les den –gratis- algún politono.
Los de nuestra generación los únicos puntos que empezamos a coleccionar son los que nos regalan por los achaques que –gratis- empiezan a invadirnos.
Nacimos demasiado pronto.

Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1466. Lunes, 21 septiembre, 2009
Septiembre 21, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo sexto: “Hasta que me liberé de mis hermanos mayores y empecé el cole, creía que me llamaba “cállate”. (Rodney Dangerfield, 1921-2004; actor estadounidense)
Una de las situaciones más tensas que se producen entre dos seres humanos, sobre todo si son seres humanos hombres, ocurre en los lavabos/baños y/o servicios de los centros de trabajo. Por más cuidado que le pongas, por más que busques la hora en la que se supone que no va a entrar nadie, pocas veces te librarás de salir del retrete y encontrarte con algún compañero que, haciendo como que se lava las manos, lanzará miraditas de sorna para hacerte notar que ha escuchado los sonidos varios que suelen acompañar a los ejercicios intestinales que acabas de realizar.
Hoy, en peluche práctico, una idea para evitar -en la medida de lo posible- que esos ruidos evacuatorios, (que tan a gusto nos dejan y a los que no queremos ni debemos renunciar durante el horario laboral) puedan ser escuchados por compañeros fisgones.
Muy simple, cogemos el rollo de papel del culo haciendo una bola (con el papel no con el rollo) del tamaño que uno pueda prever (según necesidad y experiencia pero teniendo siempre en cuenta que el papel lo paga el centro de trabajo… por lo que conviene no ser rácanos) y la colocaremos en el fondo, con el fin de que, cuando caiga el monigote lo haga sobre blandito, amortiguando la caída y evitando así los incómodos ruidos.
Ah, y un valor añadido: de paso evitaremos que al caer nos acabe salpicando… que hay veces que… en fin.

Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1457. Martes, 8 septiembre, 2009
Septiembre 8, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo séptimo: “A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear” (Marcel Proust, 1871-1922; escritor francés)
Entre viaje y viaje del imserso, se está extendiendo entre las jubiladas una extraña obsesión por asistir a cursos gratuitos de gimnasia de esos que organizan los ayuntamientos. Está bien, dicen que las ventajas de hacer deporte son muchas (o eso me han contado.. que en ciertos temas solo puedo hablar de oídas) pero lo que no acabo de entender es la manía que tienen de ponerles a estos cursos la coletilla “de mantenimiento”. A ver, ¿mantenimiento de qué? Visto el percal de las clientas y/o usuarias, estilismos aparte, ¿qué pretenden poniéndole semejante apellido? Cualquiera que llegue y vea lo voluminosas que está la mayoría de la clientela sacará la misma conclusión: cursos de gimnasia para mantenerse qué … ¿gordas?
No se yo si así se fomenta el deporte, no sé yo.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1450. Viernes, 7 agosto, 2009
Agosto 7, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo: “No podemos luchar contra el futuro. El tiempo está de su parte” (William Ewart Gladstone, 1809-1898; político británico)
Chándal azul marino (de esos que repelen el agua y atraen la mierda) con dos rayas blancas en las mangas y otras dos en los pantalones, camiseta con un cartel grande que decía !vivan los quintos del 85!, una gorra !con visera! de la cajarural, un buen surtido de canciones de los Camela que tocaran por entonces y la frase mágica que te salvaba de cualquier situación y te abría todas las puertas, el imprescindible: ahí mismo. “¿Dónde se deja el saco?… ahí mismo”; “¿dónde se tumba uno?… ahí mismo”; “¿dónde se mea?.. ahí mismo“.
Será cosas del tiempo (que todo lo suaviza) pero hay veces que echo de menos aquellas primeras vacaciones en tienda de campaña. Aunque me da que lo que de verdad echo de menos es no tener dieciséis años y poder irme de vacaciones con las comodidades que puedo pagarme ahora. Menos mal que las ganas de vaguear siguen estando intactas.
En fin, somos como somos; al fin y al cabo no deja de ser curioso que nos pasemos todo el año trabajando como negros para que llege el verano y queramos ponernos !también! negros. A propósito, y ya que estoy con pensamientos profundos de color (negro), uno que últimamente me está haciendo reflexionar y mucho : anda y que no se parece un negro que lleve un cinturón blanco a una galleta oreo ¿verdad?
Me marcho y dejo el piloto automático puesto. Hasta el 31 de agosto pues.

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1420. Miércoles, 10 junio, 2009
Junio 10, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo vigésimo: “Conócete, acéptate, supérate” (San Agustín, 354 – 430; monje católico)
Será que el día no acompaña (aunque mañana sea fiesta me toca estar aquí el viernes), pero ando un poco desarreglado pensando en si tendrá alguna relación que Diógenes, que acostumbraba a comer, defecar y masturbarse en la plaza pública, viviera hasta los 89 años en una época en la que la esperanza de vida no llegaba ni a la tercera parte.
Lo digo porque si la hay, creo que debería de ponerme manos a la obra cuanto antes. No tengo ya edad para perder el tiempo.

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Todos los “capítulos” de “ tantos hombres y tan poco tiempo“
1404. Martes, 19 mayo, 2009
Mayo 19, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuarto: “Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado”. Francisco de Quevedo, 1580 -1645; escritor español)
Aunque intento echarle la culpa a mi poca práctica con él (no uso nunca el móvil salvo para casos de urgencia) y a que los simbolitos que salen parecen pintarrajeados por algún artista pismoderno, el caso es que cada vez entiendo peor la pantalla del teléfono. De lo de mandar mensajes mejor no hablo. De un tiempo a esta parte enviar un sms se ha convertido en una competición para ver cuantas teclas soy capaz de pulsar simultáneamente cada vez que intento hacerlo sólo con una. El record está en cuatro y subiendo.
Y es sólo el principio. También se me empieza a hacer muy cuesta arriba leer los prospectos de los medicamentos. Justo ahora que más falta me van haciendo. O incluyen una lupa en cada envase o luego que no se quejen si alguien los demanda y tienen que acabar pagando unos pantalones nuevos sólo porque no pudimos leer que la nueva fórmula del laxante hacía efecto en dos horas en vez de en las doce de siempre.
Lo malo es que el tema sólo puede empeorar. Mal está que no pueda trastear con el móvil sin llamar tres veces a recarga de saldo cada vez que quiero hablar con mi compañerodoméstico; mal está que no me entere de que las pastillas de la tos con sabor a limón son incompatibles con los inhibidores de la mao (que sean quienes sean deben de ser muy suyos porque son incompatibles con todo); incluso puedo vivir en la ignorancia (aunque con sed) al no poder leer por su tamaño las instrucciones de la máquina para sacar un café o una cocacola, pero lo que de verdad me duele (jode) es que, por esta decadencia de presbicia y torpeza directamente proporcional a la edad, tenga que ir continuamente mirando al suelo para evitar caer en un hoyo, tropezar con una baldosa mal colocada o darme de bruces con vallas, farolas, bolardos y cuarenta mil cachivaches más, y no pueda (ad)mirar el habitual esplendor que empiezan a desplegar al llegar la primavera los camisetas tres tallas menos (y su culo correspondiente incluido).
O quitan farolas o quitan tíosbuenos, las dos cosas a la vez no… que nos vamos a matar.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1402. Jueves, 14 mayo, 2009
Mayo 14, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo segundo: “Nadie prueba la profundidad del río con ambos pies” (Proverbio albanés)
Contra el criterio de los que (todavía) no lo son, nosotros, los viejos (siendo benevolente tal y como está el patio todos los que ya hemos cumplido treintaitantos), no es que tengamos las cosas más claras que los jóvenes, lo único que no tenemos es ganas de discutir.
Las discusiones, cuando pasan los años, fatigan, y uno llega a una edad en la que, salvo algunas (muy, muy pocas) de esas cosas que sabes que nunca vas a admitir (lo que no quiere decir que no las haya hecho, haga o piense hacerlas), lo acaba llevado todo al terreno de la relatividad.
Un planteamiento al que estoy abonado y del que cada vez estoy más satisfecho. Las infinitas posibilidades que en cualquier discusión sobre cualquier tema abre un “sí.. pero no” o un “no.. pero sí” sin ni siquiera romper el principio aristotélico de la no contradicción, y que tan lejos está de las pontificaciones absolutas que solíamos perorar cuando éramos (más) jóvenes, está sido una de las pocas compensaciones que me proporciona el exceso de edad. Y para pocas cosas buenas que tiene, no pienso renunciar a ella.
Hasta el lunes pues, que mañana es San Isidro.
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Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1375. Viernes, 27 marzo, 2009
Marzo 27, 2009
Capítulo Milésimo tricentésimo septuagésimo quinto: “La tragedia de la edad no es ser viejo, sino que se sea joven y la gente no lo vea” (Andrés Segovia, 1893 – 1987; músico español)
Digan lo que digan, una de las secciones más leídas de los periódicos es la de los anuncios por palabras. Normal. La mayoría de las veces sólo con ella estás al tanto de la actualidad sin necesidad de ir página por página. Tiene de todo: sección internacional: “griego, francés, turco…”; sección de música: “dúos, tríos, grupos…”; el tiempo: “lluvia dorada…”, la economía: “10.000 completo”.
Vista su audiencia me voy a animar a poner yo uno. Lo necesito como terapia de choque desde que ayer la depresión se instaló en mi vida cuando, de golpe y porrazo, comprobé que la música ambiental que sonaba en el Carrefour mientras miraba las calorías del chopped era la que yo bailaba como un poseso a los quince años. ¿Habrá algo más evidente de que uno ya no es joven que Alaska en versión instrumental saliendo del hilo musical?
Por eso, y antes de qué la cosa pase a mayores, he decidido poner remedio con nuevas emociones, adentrarme en la vorágine de lo prohibido, volver al desconcierto de los quince años, sentir aquellas intensas sensaciones cuando uno ligaba con solo decir la frase esa de: “perdona pequeño, el médico me prohibió levantar cosas pesadas… ¿me ayudas a hacer pipí?” Voy a poner un anuncio por palabras. Me ha costado redactarlo pero ya lo tengo, nada de divagaciones, nada de rodeos, directo. Los graves problemas requieren soluciones de urgencia:
“Joven talludito en edad difícil, con pareja y trabajo fijo, busca limpiador de piscinas que, además, realice catálogos de ropa interior masculina en sus ratos libres. Recomendable musculatura desarrollada; imprescindible poca ropa; habilidades como limpiador serán secundarias al no haber piscina. Muy buena retribución. Por cuestiones fiscales el sueldo será sólo en especie“.
Ahora solo queda esperar.
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Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“