1511. Miércoles, 25 noviembre, 2009
Noviembre 25, 2009
Capítulo Milésimo quingentésimo undécimo: “Un tonto usa la imaginación sin conocimiento, un pedante usa el conocimiento sin imaginación” (Alfred North Whitehead, 1861-1947; matemático y filósofo inglés)
Lo que nos falta a los hombres (genérico) es comunicación. Llevamos más de diez mil años sobre la tierra, nos tiramos un pedo y todavía nos hace gracia. Aunque hayamos sido nosotros, arrugamos la nariz, fruncimos el ceño, miramos con cara de evidencia al de al lado y esperamos que alguien se declare culpable con la socorrida frase “vosotros sabéis que cuando soy yo… lo digo”.
Algo tan natural, tan fisiológico, tan universal y, sobre todo, tan imposible de evitar, y seguimos sin poder hablar de ello tranquilamente.
Lo dicho, nos falta comunicación.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1446. Lunes, 3 agosto, 2009
Agosto 3, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo sexto: “Nosotros, los andaluces, hablamos el español sin las dificultades propias del idioma” (Manuel Machado, 1874-1947; poeta español)
Parece mentira lo que da de sí el lenguaje. Una misma palabra lo mismo te puede valer para formar un apellido de princesa que para hacer el lema publicitario de una agencia de viajes gay. Roca, sol y ano… y a disfrutar este verano.
Una chorrada, lo sé, pero tampoco se puede pedir más teniendo en cuenta las circustancias: es lunes, es agosto y !estamos en el trabajo!… algo que, lo mires por donde lo mires, jode más que estornudar mientras estás meando.

Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1441. Lunes, 27 junio, 2009
Julio 27, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo primero: “Si cuando te acuestas te pica el culo, cuando te levantas te huele mal el dedo” (Proverbio cantonés)
Por alguna extraña razón, está muy extendida la idea de que si hablas con una persona tienes que estar mirando a sus ojos. Posiblemente sea una degeneración residual excedente fraguada en nuestros años infantiles cuando, coincidiendo con aquel momento en que llevabas las notas a casa (entre otros muchos momentos), una madre cabreada (y una madre cabreada de nuestros años infantiles no tiene nada que ver con una madre cabreada de ahora) solía decirte aquello de “cuando venga tu padre te vas a enterar de lo que vale un peine so vago… !y mírame cuando te hablo!”, pero por más vueltas que le doy no logro entender el por qué hay que mirar a los ojos a quien te está hablando teniendo, como tienen muchos, partes bastantes más interesantes que mirar. ¿Acaso alguien escucha por los ojos?
Y ya que estamos profundos, ¿quién coño envuelve los chupachupeses que no hay manera de desenvolverlos sin montar el número? ¿Por qué siempre que vas a los retretes de los centros comerciales están cerrados por limpieza? ¿Aquellos que perdieron la virginidad en la ducha se empalmaran cuando llueve? Y sobre todo, ¿por qué cuando alguien tiene un gatillazo siempre dice que es la primera vez? ¿nadie ha estado nunca con un reincidente?
Tantas preguntas y tan poco tiempo. Los lunes es lo que tienen… con tal de no trabajar cualquier cosa.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1438. Miércoles, 22 julio, 2009
Julio 22, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo octavo: “La vejez llega inesperadamente. De pronto ya no saltas de la silla; te levantas, que es una acción distinta”. (Katharine Hepburn, 1907-2003; actriz estadounidense)
Dicen que los niños aprenden una media de setenta palabras al día. Ellos mismos. Sin embargo, tengo un amigo que, con cierto criterio lógico, sostiene que bastan tres frases (y a veces hasta sobraría alguna) para poder desenvolverse en la vida. Tres frases en forma de preguntas que sólo sería necesario adaptar un par de veces a lo largo de la existencia de uno coincidiendo con las dos grandes etapas que todo ser humano (persona) atraviesa en su vida. Una primera que va desde que empiezas a hablar hasta que encuentras una pareja (lo que él llama la abducción), y una segunda que se extendería desde el momento en que se produce esa abducción hasta que uno ya la palma.
En la primera etapa, -desde que empiezas a hablar hasta el momento de la abducción por la pareja- una etapa que suele coincidir con la residencia permanente (y obligatoria) en casa de tus padres, bastará con conocer tres preguntas que rotarán según las circustancias: “¿qué hay de comer?”, para el día a día. “¿cuánto falta?”, para los viajes, y la imprescindible aunque sólo reservada (por desgracia) para los fines de semana: “¿me das la paga?“. Puede añadirse una cuarta a modelo de comodín (de la que no se debe abusar a pesar de las miles de tentaciones que existirán para hacerlo), y que sería la tan socorrida “¿pero por qué yo?”.
Tres preguntas que se adaptaran (auqnue levemente) una vez que se sea abducido por la pareja correspondiente (segunda etapa natural en la vida de cualquier persona humana) pasando a: “¿qué hay de cena?“, para el día a día, “pa qué coño quieres el dinero”, para los viajes, y la imprescindible aunque sólo reservada (por desgracia) para los fines de semana (si hay suerte) y que es la única que se repite en las dos etapas: “cuanto falta”, que en este caso suele ir acompañada del añadido “te” y alguna coletilla que variaría según costumbre de la casa aunque, sin duda, la más extendida es aquella de “¿cuando te falta? porque yo ya…”
Y acabando con un lema que todos, aunque muy especialmente los que ya tenemos una cierta edad, deberíamos tener muy presente este verano:

Todos los “capítulos” de “ tantos hombres y tan poco tiempo“
1426. Viernes, 19 junio, 2009
Junio 19, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo vigésimo sexto: “Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres su dominador” (Proverbio árabe)
Nombres propios aparte (de esos cariñosos que sólo uno conoce porque sólo uno es su usuario), en España se dice follar, hacer el amor, echar un quiqui, cardar, tricotar, joder, meterla, empujar, echar un polvo, echar un casquete, echar un caliqueño, chingar, mojar, tirárselo, jincar, echar un clavo, foquinfoquin, ñikiñiki, ñacañaca, cepillarse a alguien, pasarse por la piedra a alguien, pasar a alguien por las armas, ensartar, bombear, clavársela. En El Salvador: chimar, volar capirucho. En Chile: afilar, tirar, cacheteo, echar una cacha, cachar, enterrar el pico, culiar, botar el diente de leche. En Cuba: singar, quimbar, pingar, dar candela, meter. En Argentina: fifar, coger, poronguear o reporonguear, cajetear o recajetear, garchar o regarchar, hacer una mineta. En Ecuador: comer, tirar. En Méjico: coger, chingar, echar mecate, echarse un palo, echar pata, paliacate, palenque, planchar, clavar, abrochar, ir a desgastar el petate, ira a la lucha superlibre a calzón, ir a la junta de consolidación. En Puerto Rico: chichar, achichar, montar la crica, chingar, foquin, meter, hundir pelos, clavar. En Venezuela: tirar, echar un polvo, coger, empujar los pelos, mojar los pelos, empreñar, entierro, singar. En Perú: cachar, chifar, comer. En Colombia: chichar, pichar, tirar, comer echar un güevo, dar clavo, castigar el boge, jaratar el boge, bolsiar, bombiar, dar muerte, echar un gallo, matar la arrechera, comer. En Republica Dominicana: Singar, raspar, pingar. En Uruguay: ensartar, fachar.
La cosa que más fácil se puede pedir (otra cosa es que se consiga) en cualquier lugar del mundo y sin necesidad de usar ni una sola palabra (un simple gesto basta y sobra), resulta que es una de esas cosas que más palabras diferentes tiene.
Tantos nombres y tan pocas veces…

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1398. Viernes, 8 mayo, 2009
Mayo 8, 2009
Capítulo Milésimo tricentésimo nonagésimo octavo: “Encanto más talento más una ligera informalidad, le ayudarán mucho al principio; pero al final de cuentas, es la brevedad la que conquista el corazón del público.” (R. Cheney, 1941; profesor de comunicación estadounidense)
Siempre me ha parecido que el sexo rápido, el aquí te pillo aquí te mato de toda la vida, entre dos o más personas que ni se conocen, ni ganas de conocerse (y que posiblemente no se volverán a ver nunca), es una opción, con permiso de la neisseria gonorrhoeae y demás compañeros de fatiga, tan valida como cualquier otra.
Pero siempre le he encontrado un gran problema: el que los sexólogos modernos les ha dado por llamar post-coito y que los demás, de toda la vida, hemos llamado momento cenicienta. Justo aquel en que el sexo deja de ser un impulso y se convierte en una plasta, justo aquel en el que, tumbado en la cama, lo único que te apetece es largar a ese cuerpo extraño que tienes al lado.
Porque en los post-coitos de este tipo no se habla, sólo se padece. ¿De qué se puede hablar? ¿No es de mal gusto preguntar si le gustó? ¿Acaso si no le gustó te lo van a decir? Es verdad que si todo va como debiera, la incomodidad no debería de durar más de unos minutos (los mismos que tarde el más rápido en vestirse) pero por pocos que sean, se hace muy duro soportar esa repentina mezcla de timidez y retraimiento que se produce y que se va agravando según pasan los segundos, unos segundos en los que no haces otra cosa que preguntarte una y mil veces cómo podía ser que aquella calabaza que tienes delante hubiera sido, apenas unos momentos antes, una impresionante carroza.
Con razón las señoritas putas siempre cobran por adelantado.
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1358. Lunes, 2 marzo, 2009
Marzo 2, 2009
Capítulo Milésimo tricentésimo quincuagésimo octavo: “Por más aguda que sea nuestra vista jamás podremos vernos la espalda” (Proverbio chino)
Ni inglés ni leches, en un mundo cada vez más globalizado el sentido práctico se impone. Ahora lo que triunfa es la señalética, una herramienta de comunicación que no es precisamente nueva (los egipcios ya trasteaban con jeroglíficos y los chinos construyen su lengua mediante pictogramas) pero que gracias a su esquematismo, a su vocación universal y, sobre todo, a su demostrada utilidad, está más en auge que nunca. ¿Cómo íbamos a poder salvarnos de morir por un pisotón de elefante en Holanda sin la correspondiente señal que nos avisara del peligro? ¿O cómo íbamos a evitar atropellar a una familia completa de las muchas que deben cruzar andando por las carreteras de California si nadie nos avisara antes? El caos.





Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1137. Miércoles, 27 febrero, 2008
Febrero 27, 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo séptimo: “Yo odiaría ser abstemio, imaginaros levantarse por la mañana sabiendo que durante todo el día uno no va a sentirse mejor”. (Dean Martin, 1917-1995; actor estadounidense)
Sugén curcila por itnernet, atsá dotasmredo que si ciambas el odren de las lartes de una pablara, etcexpo la prerima y la úmtila, el rudalteso es una fasre talmetonte crompinbesle. O csai.
La metne, cmoo simerpe, surepa caluiquer otbúslaco a la cimuconicaón. Ea.

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