1473. Miércoles, 30 septiembre, 2009
Septiembre 30, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo septuagésimo tercero: “Sonríe y todo el mundo te preguntará que te pasa” (Proverbio maltés)
Ríos de tinta se han gastado hablando del trágico final al que están destinados los pobres mantis religiosos devorados por sus señoras esposas en el momento de consumar su matrimonio (que digo yo que siendo religiosas tienen que estar casados y bien casados por la iglesia). Algo que, bien mirado, tampoco es para llevarse las manos a la cabeza. Es verdad que al pobre le sale caro echar uno, pero la cosa también se da en la especie humana y con peores resultados, sólo hace falta ver la cantidad de parejas en las que ella se pasa la vida comiéndole la cabeza a él y encima al final ni moja ni nada, eso sí que debe de ser triste.
A lo que íbamos. Decía que mucho se ha dicho de los que mojan, pero poco, muy poco se ha dicho sobre la cruel vida que tienen que llevar los mantis que, intentando huir de tan angustioso final, se resisten a caer en las garras de semejantes víboras procurando permanecer solteros por todos los medios.
Mal lo deben de pasar en su adolescencia, que tiene que darte muy mal rollo estar seguro de que todas las mantis de la pandilla sepan que todavía eres virgen. Pero peor de adulto, que no te quiero contar nada cuando tengas un trabajo y aparezcas -mañana sí y mañana también- para aguantar las murmuraciones de tus compañeras preguntándose sino serás un poco rarito, o lo que es peor, dándose codazos unas a otras mientras comentan lo típico que todas las compañeras de trabajo comentan en estos casos: “pobre, seguro, seguro que su mujer no se la come bien” .
Y esas cosas duelen.
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1446. Martes, 4 agosto, 2009
Agosto 4, 2009
Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo sexto: “Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre” (Proverbio Africano)
La crueldad femenina llega -a veces- a unos límites que son difíciles de comprender hasta por las mentes más retorcidas y perversas.
El cóndor, el ave carroñera más grande que existe, es un animal completamente monógamo y con una característica muy peculiar: sólo se aparea cada dos años. El acoplamiento se produce después de que el macho realice -a más de tres mil metros de altura- largas paradas nupciales que le dejan al borde del agotamiento. Y todo con un único motivo: impresionar a su hembra y que ella le permita desfogarse. ¡Por fin!
Pues bien, después de esperar los dos años para que aquello pueda ocurrir, después de dejarse las plumas exhibiéndose delante de la única compañera que va a tener en toda su vida, después de semejantes sacrificios, más del 50% de las señoritas cóndor se niegan a realizar la cópula con su sufrido compañero… al que no le queda más remedio – lo de la monogamia lo llevan a rajatabla- que esperar otros dos años para que ella vuelva a encontrase en celo y tener la suerte de que entonces a la señora cóndor le apetezca.
Crueles no es la palabra, no… habría que inventarla.
… vendiendo discos como churros
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1244. Martes, 2 septiembre, 2008
Septiembre 2, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo cuadragésimo cuarto: “El adulterio es justificable: el alma necesita pocas cosas; el cuerpo muchas” (George Herbert, 1593-1633; poeta inglés)
Desde que en 1962 un psicólogo, Boris Levisón, publicara un estudio hablando de los beneficios que para los niños problemáticos podía tener la compañía de un perro y, sobre todo, desde que en 1978 se demostrara un aumento de la esperanza de vida en aquellos pacientes que habiendo sufrido un ataque al corazón convivían con una mascota, pocos expertos niegan los beneficios afectivos, sociales y terapéuticos que proporciona compartir la vida con un animal.
Y en algo coinciden todos: cuanto más estrecha sea la relación con el bicho más ventajas existirán.
Lo que ya no dice casi ninguno de tan sesudos, formales y rigurosos estudios sobre el tema son los posibles riesgos que una convivencia demasiado estrecha con un animal puede acarrear.
En el siglo XI, el conde italiano de Gulielmus podía presumir de tener una esposa insaciable y un mono como mascota llamado Maimo.
La insaciabilidad de la esposa, unido a la avanzada edad del conde -que no podía cumplir sus deberes conyugales con la frecuencia que su mujer requería, había llevado a ésta, con el consentimiento de su esposo, a convertir al mono en su amante.
Sin embargo, con el que no habían contado era con el consentimiento del mono. Cuando éste pilló a los condes en la cama, le dio un ataque de celos y golpeó al conde hasta matarlo.
Después de cornudo.. apaleado.
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1208. Viernes, 20 junio, 2008
Junio 20, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo octavo: “Mi horóscopo dice que hoy conoceré a alguien grande”. (Jessica Lange en “King Kong”, de John Guillermin; 1976)
Cuando llega la época de celo la mayoría de los animales resultan (resultamos) ser muy poco selectivos a la hora de buscar una pareja que les alivie de sus naturales apetitos. En tiempos de guerra todo agujero es trinchera.
El asunto no es caprichoso. Gracias a esta estrategia, por ejemplo, las plantas pueden engañar a una inmensa mayoría de insectos que, verracos perdidos como van, confunden la corola de la planta con una hembra de su especie y acaban pegándose un revolcón en ella para así, sin saberlo, acabar transportando el polen de su compañera ocasional hasta la próxima conquista.
Aunque no todos. Los grillos mormones, por ejemplo, no se dejan engañar tan fácilmente y usan un método que les suele dar muy buenos resultados: antes de ponerse a retozar con una presunta, la elevan en el aire eligiendo, para intercambiar sus fluidos, a aquella que más pese, a la más gorda, reduciendo así las posibilidades de acabar cohabitando con la primera hoja en forma de grilla mormona que se le cruce en el camino.
Curiosamente, y a pesar de los muchos estudios que sobre el tema se han realizado, la tasa de anorexia entre la población femenina en esta especie es inexistente.
Hasta el lunes.
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1146. Martes, 11 marzo, 2008
Marzo 11, 2008
Capítulo Milésimo centésimo cuadragésimo sexto: “Todas las setas son comestibles. Algunas, sólo una vez”. (Amador T, 56 años, experto en setas)
La mayoría de las veces los ruidos de las carcomas, esos bichitos tan simpáticos destroza-muebles, son producidos no porque estén royendo madera, sino como consecuencia del método que emplean los “carcomos” para llamar la atención de las “carcomas”.
Que no es otra que golpearse de forma repetida su frente, la del “carcomo”, contra el suelo.
Auténticos chichones de pasión.
¡Pero qué bonito es el amor!
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1129. Viernes, 15 febrero, 2008
Febrero 15, 2008
Capítulo Milésimo centésimo vigésimo noveno: “Por bueno que sea un caballo, necesita espuelas. (Proverbio inglés)
Como casi todos buscan el placer en el sexo. Por eso, y como la mayoría de las veces quedan insatisfechas con las cópulas que realizan con sus parejas, -ellos suelen concluir su actividad sexual en apenas treinta segundos-, ellas acabarán consiguiendo el orgasmo a fuerza de mover sus músculos perivaginales como si fueran un puño, en lo que es una masturbación en toda regla.
La única diferencia entre la vida sexual de las elefantas y las de muchas mujeres es que las paquidermas pueden disponer, aunque sólo sea durante unos míseros treinta segundos, de un pene que puede llegar a pesar los cuarenta y cinco kilos. La única diferencia entre la vida sexual de los elefantes y la de muchos hombres es.. es.. es..
Hasta el lunes.
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1109. Viernes, 18 enero, 2008
Enero 18, 2008
Capítulo Milésimo centésimo noveno: “Es empresa vana tratar de ridiculizar a un necio rico: las carcajadas están de su parte”. (Jean de La Bruyère 1645-1696; escritor francés)
Siempre me he preguntado por qué si el pez grande se come al chico, son precisamente los peces pequeños los que tienen colores más llamativos. Una gilipollez, lo sé, pero cavilaba yo que si lo de la selección natural es como lo pintan, se deberían de haber beneficiado mucho más de su discreción los peces menos vistosos que aquellos otros a los que, por su aspecto, les podían haber dado el primer premio en un desfile de carnaval.
Pues todo tiene su explicación y, ¡oh casualidad! resulta que la culpa es ¡oh sorpresa! de la parte femenina del asunto.
Muy resumido: los peces machos hacen lo que hacen, se arriesgan a lo que se arriesgan y son capaces de poner en peligro su vida por un/el único motivo. Sí, por ese.
Y no ya sólo porque las hembras preferirán aparearse con los peces más vistosos (no es cuestión de “belleza“, más bien de que los más coloreados, al haber sobrevivido a pesar de tenerlo más difícil, demuestran muy buena salud y excelentes condiciones físicas) sino porque ellas los prefieren valientes. Algo que lleva a los machos a arriesgar si vida cuando, en época de apareamiento y sólo si hay alguna hembra presente, se acercan todo lo que pueden a sus depredadores. El objetivo no es otro que el de impresionar a su posible pareja y demostrarle que se está en buena forma para escapar de un ataque enemigo.
Así, arriesgando su vida por “amor“.
Tiran más dos aletas que dos carretas. Hasta el lunes pues.
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