Capítulo Milésimo cuadringentésimo séptimo: “Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad” (Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, 1689 – 1755; político francés)

En China un hombre decidió casarse consigo mismo. Para que quedara clara su intención se presentó a la boda con una muñeca de tamaño natural vestida para la ocasión, pero con su cara, con la de él, con la del novio. En la ceremonia, a la que asistieron más de cien invitados, el contrayente explicaba su decisión: “Hay muchas razones para casarme conmigo, pero sobre todo lo hago para mostrar mi insatisfacción con la realidad que nos ha tocado. Este matrimonio me reintegra en un todo“. La noticia puede sonar rara, sin embargo, no hace falta rascar mucho para darse cuenta que el hombre anda bien encaminado.

No vamos a filosofar aquí y ahora sobre qué es amor, pero cualquier definición por cursi y sosa que sea, (en la que siempre aparecerán conceptos como sacrificio, entrega, amistad, confianza, intimidad, afinidad..etc.) puede aplicarse perfectamente a uno mismo. El hecho de que nadie te va a conocer mejor y nunca vas a conocer a nadie mejor, es la mejor de las garantías a la hora de establecer un proyecto de futuro tan complicado y tan arriesgado como es la convivencia en un matrimonio.

Y en cuanto al sexo (por recurrir al tópico de que si por algo nos caracterizamos es por estar todo el santo día con la líbido a punto.. y porque además hoy es viernes y toca -hablar de-) poca ilustración hace falta. Todos sabemos que por muy bien que cumpla alguien ajeno después de la fogosidad inicial de la tercera vez, quien más y quien menos acaba volviendo a uno mismo para practicar, aprovechando que son pocos los que lo consideran traición, aquello que Oliveira, el protagonista de Rayuela, definía como “Un arte menor al lado del otro, pero de todos modos con su tiempo, acción y lugar, y demás retóricas”. Un arte menor que suele ser el complemento perfecto del mayor a la hora de hacernos la vida un poco más agradable.

Que a falta de pan… Hasta el lunes.

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Capítulo Milésimo tricentésimo quincuagésimo séptimo: “El que hace el burro no debe extrañarse que los demás se suban encima” (Proverbio lituano)

En los Archivos Históricos Aragoneses consta la historia de un tal Juan María Zaragoza, condenado a servir en la Marina por mantener, allá por el año 1883, un apasionado romance con una mula.

Lo más curioso del tema es que no fue castigado por la relación, sino porque no hizo caso de ninguno de los tres apercibimientos que le efectuó el dueño del animal, empeñado en que dejara en paz al bicho a pesar de que un muy enamorado señor Zaragoza le había ofrecido, sin ningún éxito, todo cuanto tenía sólo para poder estar junto al amor de su vida.

Por muy dueño que fuera de la mula no tenía ningún derecho a interponerse en la relación y destrozar así una pasión. !Hombre ya!, que algunos son como el perro del hortelano-

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Capítulo Milésimo ducentésimo nonagésimo: “Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres” (Proverbio universal)

Por razones bioquímicas, psicosomáticas, o por alguna otra causa aún más compleja (y que yo particularmente nunca podré entender), la mujer ha despertado siempre en el hombre una fuerte atracción. Ese ser delicado, bello y aparentemente desvalido, provoca en el individuo del sexo opuesto un inexplicable instinto posesivo, de forma que ante una persona humana femenina bien dotada, proporcionada y redondeada, el varón reacciona normalmente con el deseo imperioso de llevársela a casa. No importa que allí ya tenga otra bastante apañada; él se la llevaría de todas formas y acumularía con mucho gusto varios de estos seres tan incomprensibles como misteriosos, como hacen en los viejos y sabios países donde existe aún la poligamia. De puro buenos que son los hombres, ésa es la verdad.

Pero, por desgracia para la mayoría, la cosa no es fácil; al menos en Occidente la costumbre hace que toquen –de forma simultánea al menos- a una sola mujer por barba, de modo y manera que sus humanos y protectores sentimientos pueden ejercerlos, al menos en teoría, una única vez. Y esto crea problemas.

El subconsciente de muchos individuos no se ha resignado; son ninfocleptomanos, como si dijéramos, y no consiguen hacerse a la idea de que con una sola mujer tienen que conformarse; esto hace que miren a las demás, especialmente a las jóvenes y guapas, con la nostalgia que producen los caminos no andados y con una amargo sentimiento de frustración. Pobres hombres… tantas mujeres y tan poco tiempo.

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Capítulo Milésimo ducentésimo sexagésimo tercero: “Intenta declararte a tu primer amor y darás más vuelta que galleta en boca de vieja” (Proverbio escocés)

Mi primer paraíso fueron cuatro paredes blancas presididas por una desgastada pizarra. Adán se llamaba Emilio. Olía a pegamento y suavizante y su media sonrisa temblorosa -siempre escondida bajo su tartamudez- retumbaba en mi cabeza como una carcajada burlona y mágica. Tenía quince años, me había enamorado como un burro y buscaba desesperadamente una maldita manzana con la que condenarme para siempre junto a él. Pero el responsable de aquel radiante desaguisado olvidó dejarla a mi alcance. O, abusando de su poderío, lo hizo a conciencia, porque sabía que hubiera mordido hasta las raíces del árbol. Tantos años y todavía sigo recordando -con toda la ternura del mundo- aquel ingenuo y candoroso primer amor.

Dicho lo cual -y ya entre nosotros-.. ¿a que parece mentira que a estas edades todavía uno pueda llegar a ponerse tan rematadamente cursi?

… zapatos para cada pie

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Capítulo Milésimo ducentésimo tercero: “La sinceridad es un privilegio al que los hombres tenemos que renunciar” (Verano de corrupción, Bryan Singer; 1997)

Nacho Vidal, 24 centímetros de longitud y poco más de tres de grosor (justo ahora nótese un largo suspiro de insana envidia… que no son pocos los inconvenientes de tener que soportar un tamaño mayor…ejemmmm), en su libro “Confesiones de una estrella del porno” (Editorial Martínez Roca) afirma tajante: “el secreto para mantener más tiempo la erección es no comer nada desde varias horas antes de rodar“.

Normal. Cuando uno come el cuerpo necesita movilizar una buena parte de su sangre hasta el estómago para que se lleve a cabo el proceso de la digestión. Como sangre hay la que hay (su volumen en el cuerpo no varía y -al menos que se sepa- todavía no tiene el don de la ubicuidad), si está en un sitio no está en el otro.

Algo que, además de tirar por tierra aquello de que una cena romántica es el preludio en una intensa noche de pasión (con el consiguiente ahorro de la misma, por cierto) debería de cambiar toda nuestra estructura mental: antes de la típica –y generalmente única- pregunta (“Hola, ¿eres muerdealmohadas o soplanucas?”) se hace imprescindible exigir un informe detallado (y convenientemente compulsado) sobre el horario de las últimas comidas. Evitaremos más de una sorpresa. Hasta el lunes pues.

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Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo séptimo: “Para ser hay que ser percibido, o si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo, ¿hace ruido el árbol?” (Bishop George Berkeley, 1685-1753; escritor irlandés)

Los filósofos griegos han pasado a la historia por el uso de la dialéctica y el raciocinio diciendo cosas tan sensatas como que todo sale del agua (Tales de Mileto), que de donde sale todo es del aire (Anaximenos), que no, que el origen de todo es el fuego (Heráclito), que no se sabe, pero lo que sí es seguro es que el hombre desciende del pez (Anaximandro), y que nadie se baña dos veces en el mismo río (Heráclito otra vez),

- Pero eso del río es una tontería.
- Hombre ya sabe usted que el agua nunca es la misma.

Y ya estaba. Ya tenían suficiente para animar una conversación, incluso para hacer creer que había una conversación. Y así podían estarse varios años sin llegar a conclusión alguna. Bastaba con llevarse la contraria.

- ¿El amor? El amor es una locura, pues el deseo nubla la razón.
- Ahhhh no, el amor es una injusticia pues sólo se ama la belleza, y a los feos que los parta un rayo.
- Una incoherencia, eso es lo que es el amor pues también sienten deseos los que no aman.
- No, el amor no es más que una extravagancia ya que algunos no podemos amar si no tenemos más de tres al lado.

Y luego nos dicen que desde que vemos televisión nos hemos vuelto más tontos. Pues no veo yo tanta diferencia entre leer a los clásicos y vegetar delante de telecinco. Por ejemplo.

… sobre sus cenizas

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Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo primero: “Los hombres más leales, más sinceros, más nobles, más candorosos y más buenos del mundo se los encontró el capitán Cook en Oceanía; pero estos hombres tenían un defecto: eran antropófagos” (Julio Camba, 1882-1962; periodista y escritor español)

Cuando Conrado III de Alemania puso sitio a la ciudad de Winsberg, que le había salido güelfa al pobre, anunció que pasaría a cuchillo a todos sus habitantes. Pero cuando al fin la ciudad fue obligada a rendirse por falta de víveres (1138) condescendió el rey a dejar salir a las mujeres, aunque sin otro equipaje que “las prendas que más estimaran”.

Se abrieron las puertas de la ciudad y empezaron a salir las señoras; la primera, la condesa Ida llevando a cuestas al conde Wëlf VI de Babiera , lo que dejó asombrados a los sitiadores, no porque una señora tan principal hiciera de porteadora sino porque “la prenda que más estimaba” la condesa resultó ser, además de su marido (algo que ya de entrada extrañó y mucho) otros dos mozalbetes aferrados desesperadamente a las lustrosas carnes de la señora condesa, unas carnes que, por cierto, parecían conocer a la perfección.

Las demás mujeres llevaban de igual forma a sus padres, hijos, prometidos, amantes. Era un espectáculo conmovedor. Hubo una mujer vigorosa que sacó bajo un brazo a su marido, bajo el otro a su amante y a la espalda a su cuñado viudo. Muchos esposos encaramados a la espalda de su señoras tuvieron que acceder a que un joven atlético, desconocido por ellos hasta el momento, se encaramara a su vez en sus propias espaldas antes de que la mujer accediera a partir. Algunas puestas a elegir, dejaron en tierra al marido, sugiriéndoles que cargara con ellos la madre que lo parió. Por salir, salieron hasta hombres disfrazados de mujer acarreando a muchachos de aspecto delicado y modales exquisitos.

En fin, fue una jornada memorable que puso en evidencia la hermosa solidaridad entre los hombres –sobre todo cuando la mitad son mujeres- la capacidad de una raza vigorosa para el acarreo y, sobre todo, la buena disposición de las alemanas para repartir amor.

… la mitad más uno.

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Capítulo Milésimo centésimo octogésimo quinto: “Yo no soy una persona que se impresiona fácilmente… !Mosquis, un coche azul!” (Homer Simpson, 36 años, Técnico de seguridad nuclear)

Perdiendo el tiempo por internet me he encontrado con páginas capaces de escribir mecánicamente cartas de amor. La idea no me parece mala. Si las cartas de amor están destinadas a complacer, es complacencia que no se aprende en las academias. No todo el mundo está en disposición de expresar correctamente los movimientos de su corazón, sobre todo cuando éstos aspiran a ser correspondidos o pretenden encender los de su pareja. Sin embargo, todos tienen derecho a intentarlo.

Además, ha ocurrido siempre. Yo mismo tengo unos cuantos manuales de esos que enseñan a escribir cartas de amor cargados de años. Iban incluidos en una de esas colecciones que llamaban prácticas, promocionadas por el technicolor de las películas americanas de la época y que llevaban títulos reveladores: “Cómo ser una casada perfecta“, “Cómo arreglar su aparato de radio” o , ya en el colmo de la sofisticación: “Conozca todos los secretos del matrimonio“. Libros con portadas entrañablemente cursis a juego con su interior: la criada paseando al bebé de la señora del brazo de un apuesto soldadito, una jovencita rubia vestida de domingo junto a un joven de pajarita negra, y, como no, el inevitable corazón rodeado por su orla de encaje rosa. Toda la imaginería destinada a convertir el amor en una réplica exacta de una tarjeta postal.

Pero de estos libros, de semejante imaginería, han salido miles de plagios literarios en forma de cartas de amor que se cruzaron con fervoroso entusiasmo legiones de enamorados que hacían pasar como suyas letras, líneas, párrafos, y hasta cartas enteras. Entonces, con formas góticas o redondillas en negro sobre blanco; ahora, transformadas en una larga y fría secuencia de números codificados junto a anuncios de viagras y pícaros en busca de cuentas corrientes. Ha cambiado la forma, pero sigue vigente el fondo. Normal. Bastante tenemos con intentar amar y ser amados, sólo faltaría que encima tuviéramos que aprender retórica.

… calorías calientes.

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Capítulo Milésimo centésimo cuadragésimo segundo: ” En Italia, durante treinta años bajo el dominio de los Borgia, tuvieron guerra, terror, asesinato y matanzas, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tuvieron amor fraternal; tuvieron quinientos años de democracia y paz, ¿y qué produjeron? El reloj de cuco. (El tercer hombre, Carol Reed, 1949)

Dice el diccionario que veneno (Del lat. venênum) es una sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte. Cosa nociva para la salud. Cosa que puede causar un daño moral.

Una perfecta definición para una palabra cuyo término latino procede a su vez del griego venesmon, literalmente: “instrumento de Venus para propiciar el amor.”

… el cartel más famoso del mundo.

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Capítulo Milésimo centésimo vigésimo octavo: “Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella” (Seneca, 4 a.C. – 65 d.C.; filósofo romano)

San Valentín. No todos estamos en disposición de expresar correctamente los movimientos de nuestro corazón, sobre todo cuando éstos aspiran a ser correspondidos o pretenden encender los de la pareja.

Es lógico, bastante tenemos la mayoría con querer y ser queridos; sólo faltaría que, encima, tuviésemos que aprender retórica.

Por eso, igual que antes abundaban los manuales para aprender a escribir cartas de amor, hoy se pueden encontrar en la red miles de ellas listas para convertir el exceso de sentimentalismo y la cursilada, en toda una declaración de amor personalizada en exclusiva. Y sólo con cambiar el nombre del encabezamiento. El problema es decidirse por alguna.

Asunto arreglado. No ha sido fácil, pero por fin he encontrado la carta de amor perfecta para un día como el de hoy.

¿Cómo podría alguien no rendirse a quien es capaz de escribirte cosas así?

… sin “falta”.

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