Capítulo Milésimo centésimo octogésimo: “Todos tenemos días en que creemos que el sol brilla más en otra parte” (Madagascar 2005; Eric Darnell, Tom McGrath)

Estoy deprimido, triste, apesadumbrado, abatido, hundido en la miseria. La realidad es tozuda y se está cebando en mis esperanzas de una manera atroz y cruel. Los hechos están ahí, son los que son, y han machacado para siempre mis esperanzas: los que trabajan mucho, viven más.

Semejante afirmación resulta un durísimo golpe para un vago militante de toda la vida como yo, pero no se puede negar la evidencia por mucho daño que nos cause: entre los grupos de población que llegan a los cien años de edad -y con un relativo buen estado de salud-, están los abajasianos del Cáucaso, los hunzas de Pakistán y los pobladores del valle andino de Vilcabamba, en Perú. Todos con las mismas características: viven en ambientes con un aire muy puro, llevan una dieta muy hipocalórica y queman lo poco que comen ¡trabajando mucho!

Tanto que trasteaban los alquimistas chinos con el cuento de cultivar el “chi”, tantas pócimas con oro diluido en piedra filosofal que prometían los de la Edad Media, tanto armar con los injertos de testículos del mono, y ahora resulta que el elixir de la longevidad y hasta el de la eterna juventud no es más que cuestión de aire puro, comer poco y … ¡trabajar mucho!

Estoy dispuesto a enchufarme al oxígeno para conseguir aire puro, a pasarme a los chokokrispis sin azúcar, incluso a dejar de chupar las tapas de los yogures.. pero a trabajar (más).. !nunca!

No sé si me recuperaré de semejante noticia, voy a necesitar tiempo para asimilarla y, sobre todo, tiempo para tomar una decisión en consecuencia. A los que les guste trabajar (siempre he tenido un profundo respeto por los masoquismos extremos) mi más sincera enhorabuena, A los que -como yo- no estamos dotados de tal don (!ya quisiéramos!), hoy es, a pesar de que se avecina un jueves festivo, una semana triste, muy triste.

… Nivea.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo noveno: “Gritar es el esfuerzo de un cerebro limitado intentado expresarse” (Ardid femenino, 1938; George Stevens)

Teniendo en cuenta que -al menos anatómicamente- la zona sensible de la vagina de la mujer apenas supone el primer tercio de la misma (un espacio tan reducido que hasta el más pequeño de los penes adultos conocidos, que media 1,8 centímetros, podría hacer un buen papel), la eterna cuestión sobre la importancia -o no- de tamaño debería ser menor para el (muy desconcertante) sexo femenino a la hora de encontrar con quien retozar. Un dato que ampliaría bastante (pero bastante) las posibilidades de ellas y, de paso, dejaría fuera de juego a más de un fantasma que se pasa la vida presumiendo de la relación entre su (supuesto) tamaño y su (aún más supuesta) capacidad para impartir placer.

Pero que no cunda el pánico entre aquellos que basan su carisma (y/o su economía) en satisfacer al sexo opuesto proclamando las (presuntas) ventajas que proporcionarían unos centímetros de más. Tienen alternativas.

En casi todas las islas del Pacífico los espantapájaros que se construyen para vigilar los campos de arroz, y que están hechos con la paja de este cereal, presentan una característica un tanto particular consistente en exhibir determinada parte anatómica de una forma especialmente desarrollada: todos ellos muestran enormes penes en erección ya que existe la creencia de que un pene así contribuye a ahuyentar a los depredadores.

Una forma de ampliar el horizonte laboral de los heteros mejor dotados: ejercer de espantapájaros el resto de su vida. Algo muy de agradecer tal y como está la cosa del empleo estable. Hasta el lunes.

(Claro.. y ahora empiezo a entender porqué a mi no se me acercaban los depredadores… era por eso…¡Huy! esto no saldrá en el post ¿no?)

… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo octavo: “El amor no hace que el mundo gire. El amor hace que el mundo merezca la pena” (John Ruskin, 1819-1900; escritor, crítico de arte y sociólogo británico)

Hoy, y ante la crisis económica que padecemos, especial “peluche practico” con un pequeño consejo dedicado a todos los que empezamos a rozar edades peligrosas.

Pero sin pasarse que como decían en mi pueblo, “a quien vive pobre por morir rico, llámale borrico”.

… la procesión va por dentro.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo séptimo: “No hacer nada es la mejor manera de conservar toda la fe en nuestras posibilidades” (Noel Clarasó, 1899-1985; escritor español)

Me contaba un amigo que una de las lecciones más valiosas que había aprendido fue la que le dio su abuela un día en que, llevándole a la cocina, cogió una patata del agua hirviendo, se la arrojó a las manos y le gritó: “-¡vamos, agárrala!”

Mientras él hacía desesperados malabarismos para no quemarse, la abuela añadió: “-no sabes qué hacer con ella, ¿verdad?, pues atento, esto es algo que tienes que recordar toda tu vida. Cuando alguien te pase una patata que te queme, ¡devuélvesela!

Le contaba que una situación difícil de resolver, una pregunta difícil de contestar, es como una patata caliente y que durante toda su vida se encontraría con gente listas que fingirían ingenuidad, para quedarse a la expectativa respecto a él, tratar de aprender lo que él supiese y observar cómo él resolvía los problemas, personas que piensan que si nos dejan la patata para que sean los demás los que le den vueltas en la mano cuando más caliente está, ya no quemará tanto cuando sean ellas las que la cojan. O bien que al ver cómo se las arreglan los demás aprenderán la manera de manejar la patata sin quemarse. Al fin y al cabo cuando hablas no haces más que repetir lo que ya sabes, pero si escuchas es posible que aprendas algo.

Además, hacer que otro coja la patata es más fácil de lo que parece, basta aprovecharse un poco de la vanidad ajena. A mi un “usted, que sabe mucho más de esas cuestiones que yo, ¿qué piensa?” me ha salvado más de una vez y más de dos de quemarme las manos con una patata.

… cosas del cerebro.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo sexto: “En las batallas te das cuenta que los planes son inservibles, pero hacer planes indispensable”. (Dwight E. Eisenhower, 1890-1969; político estadounidense)

Después de varios años trabajando para los demás estoy pensando en independizarme. Sé que el asunto es arriesgado pero creo tenerlo todo bajo control.

El primer paso sería montar una empresa de trabajo temporal que me subcontratara en condiciones basura. El sentido de la iniciativa y la oportunidad por la que se rige el sistema harían que mi yo subcontratante de la primera parte compensara la ansiedad e inestabilidad de mi yo subcontratado de la segunda parte.

Lo siguiente sería abrirme un expediente de regulación de empleo que me prejubilara con la indemnización y las ayudas correspondientes. Una indemnización y unas ayudas que invertiría en investigación y desarrollo para ganar en competitividad. Llegado el momento -un par de meses máximo- saldría a bolsa para ver cómo el mercado valora la expectativa y con un poco de ingeniería financiera acabaré logrando que, tras la correspondiente opa amistosa, alguna multinacional me absorba.

En menos de un año de cabeza al Forbes. Al tiempo. Lo que no tengo muy claro es para qué.

… jaque mate.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo quinto: “Hakuna matata” (El Rey León, Roger Allers; 1994)

Morirse es caro. Especialmente para quien tiene que pagar la factura, que no suele ser el muerto.

Por eso, hoy lunes, un día adecuado para hablar de estas cosas y en la habitual línea práctica de “Tantos hombres y tan poco tiempo”, van un par de ideas, (siempre sobradamente probadas y debidamente documentadas), con las que poderse sacar algunos euros extras que ayuden a sobrellevar tan difícil (y costoso) momento. Los duelos con pan son menos.

Si uno no es demasiado escrupuloso para estas cosas lo mejor es usar las técnicas que trabajan (con excelentes resultados) algunas tribus de indios del Orinoco, en Venezuela: cuelgan los cadáveres en una especie de hamaca durante una semana, y con los líquidos que gotean de ellos en el proceso de descomposición, fabricaban un licor que dicen tener propiedades mágicas.

Los venden a precio de oro y se lo quita de las manos.

Si, en cambio, hay alguien con algún reparo a la hora de manipular directamente un fiambre, (el muerto más revoltoso siempre es infinitamente más fácil que el más tranquilo de los vivos… y lo digo por experiencia) tampoco hay que desesperarse. Existe un amplio abanico de artículos con los que podemos hacer negocio y que cuentan, además, con la garantía de llevar comercializándose toda la vida.

En la Edad Media, las ejecuciones de presos eran la fuente de un particular mercado negro; se comerciaba con las sogas de la horca, que se suponía que poseían abundantes virtudes curativas. También con el sebo de los ahorcados, usadas para fabricar velas que, según se creía, podían alumbrar tesoros ocultos; y con la mandrágora, planta considerada la panacea contra todas las enfermedades, que crecía, según creencia popular, al pie de los patíbulos, regado con el semen de los ahorcados tan presente en cualquier ejecución hecha como Dios manda.

Naturalmente y dada la complejidad técnica de encontrar a principios de mayo de 2008 algún ahorcado, sus complementos o alguna de sus secreciones, bastará con vender algunos artículos parecidos a los originales usando el convenientemente marketing. Al fin y al cabo si como dicen las estadísticas en España se gastan al año 12 millones de euros en satanismos y magias negras, mal tiene que ponerse la cosa para que algún crédulo no sea capaz de comprarnos un trozo de poto a precio de oro pensando que es una mandrágora regada con los restos del último “homenaje” que se corrió (y nunca mejor dicho) un ahorcado. Digo yo.

… morderse la lengua.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo cuarto: “Si eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos. No se puede pasear la felicidad por un mundo de gente que se cree desgraciada” (Alejandro Casona, 1903-1965; escritor español)

Leer ya me gustaría. Pero ¿de dónde saco el tiempo?” me decía uno. Y otro, un semi-ejecutivo en camino de prosperar: “- Tres horas se me van en el camino de casa a la oficina. A los hijos pequeños apenas los veo”.

El tiempo es una realidad misteriosa. Ya San Agustín escribía que si nadie le preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenas intentaba una definición fracasaba. Aristóteles precisó que el tiempo es la medida del movimiento. Por eso cuando se hacen muchas cosas el tiempo es siempre rapidísimo; quien no hace nada dispone de un tiempo largísimo, interminable.

En la civilización industrial, donde se paga por horas, donde hay que fichar, donde se cobran trienios –y tantas otras realidades medidas por el tiempo-, se ha perdido el sentido profundo del tiempo de ocio, del tiempo para contemplar, para empaparse en la realidad.

La mayoría de los pueblos primitivos no usaron reloj. Se guiaban por el sol y el tiempo era la medida de lo que hacían. De ahí la calma tranquila, la atención en el cultivo del campo, la concentración en la pesca, el mimo en el pastoreo. Algunos antropólogos interpretaron todo esto como ociosidad o vagancia. Y era todo lo contrario: trabajo con los cinco sentidos, contemplación activa de la realidad. Por eso conocían cientos de plantas y sus propiedades; por eso tenían nombres para muchos tipos de vientos, de lluvias, de nubes.

Nosotros dedicamos una parte del tiempo a organizar el tiempo; otra parte a mirar el reloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra a perder el tiempo. Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer las cosas en algo más importante que las cosas que hay que hacer. El resultado, mucha veces, es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, se mide cuidadosamente el tiempo empleado en no hacerlas. Y es que siempre hay más tiempo cuando se deja de decir que no hay nunca tiempo.

Uno y dos de mayo. Hasta el lunes pues.
… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo tercero: “Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar. Perderás el tiempo y fastidiarás al cerdo”. (Proverbio ruso)

En tiempos de crisis, cualquier idea es bienvenida si sirve para ahorrar.

El faraón Menopto, que reinó en Egipto más o menos por el año III a. de C., tras vencer a sus enemigos los sirios mandó cortarles sus 13.000 (trece mil) penes, trofeo que exhibió y acabó repartiendo entre sus más íntimos para demostrar su gran victoria y, ya de paso, ahorrarse alimentar a los miles de esclavos -a sus “empleados” nunca les faltaron lechugas que llevarse a la boca- que hubieran sido necesarios para fabricar otras tantas figuritas conmemorativas que el bueno de Menopto acostumbraba a repartir cada vez que el faraón volvía victorioso.

Y es que, cuando las dificultades empiezan a aparecer, la imaginación es la mejor herramienta para enfrentarse a ellas.

El sultán Key Coubat I de los selyúcidas, una importante dinastía turca de Oriente Próximo que gobernó el oriente musulmán por los siglos XI y XII, pasó a la historia por fabricar 300 tiendas de campaña para su ejército con los testículos y escrotos de los 30.000 enemigos capturados en batalla.

Y luego dicen que lo del reciclaje es un invento moderno.

… el humor de los caballos.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo segundo: “Los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los situados en los lugares más altos son los más inútiles” (Paul Masson, 1859-1940; periodista francés)

Pocas cosas han cambiado desde que en el siglo primero antes de Cristo empezaran a celebrarse las primeras oposiciones para “trabajar” de funcionarios. Ya entonces los exámenes duraban varios días y se presentaban para unos pocos puestos miles de candidatos.

Aunque en algo sí hemos avanzado. En aquellas épocas y durante el tiempo que se estuviera celebrando la oposición nadie podía, bajo ninguna circunstancia, ni tan siquiera por imperiosas necesidades fisiológicas, salir de la sala.

¿La solución al problema? Fácil. Los opositores acudían a las maratonianas pruebas equipados con sus correspondientes orinales, que usaban según sus necesidades a la vista de los demás aspirantes y, por supuesto, de los miembros del tribunal, en mitad de la sala.

Tengo mucha imaginación, pero reconozco que se me hace cuesta arriba pensar la forma en la que los sufridos opositores podían contestar correctamente cualquier pregunta, por fácil que fuera, respirando el ambiente en la sala después de que varios miles de personas llenaran sus correspondientes orinales una y otra vez. Tenía que ser algo que,inevitablemente, les marcara para el resto de sus vidas. Y las de sus descendientes.

Quizá desde entonces venga esa costumbre que tienen en casi todos los sitios públicos de, cada vez que vas a pedir alguna cosa (que encima suelen exigirte ellos mismos), ponerte cara de estar oliendo a huevos podridos, una cara de estreñimiento crónico en la que, sin abrir la boca te están mandando a la mierda por haber interrumpido sus profundos pensamientos metafísicos entre el café con porra de las nueve y la primera caña de las once.

Hay que entenderlos. Ellos no son así, la culpa es de sus genes.

… el triangulo del diablo.

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Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo primero: “Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”. (Julio Verne, 1828-1905; escritor francés)

La tiranía laboral que durante estos últimos días ha impuesto una brutal coincidencia entre el sagrado sacramento de escribir en el blog y una absurda (e inevitable) actividad laboral de primera hora, parece que llega a su fin. El lunes todo volverá a su sitio (espero) pero hoy ando otra vez de prestado.

“Leo en el último número de la revista francesa Paris-Match que el noventa por ciento de los niños y niñas europeos sueñan con de mayores llegar a ser top-model. No me sorprende. La Organización Mundial del Trabajo reconoció el año pasado que las dos profesiones más deseadas en el mundo eran la de parado con subsidio y modelo, por ese orden.Leo también que la semana pasada en un colegio elitista femenino de Nueva York fue lapidada y golpeada sin piedad por sus compañeras la niña Jennifer Findelbaum cuando confesó su deseo de ser ingeniero agrónomo. Los estudiosos de la adolescencia femenina han definido esta mezcolanza perfecta entre un físico nacido para pecar y un cerebro de guardería como Generación Heidi, en clara referencia al serial japonés con el que todas ellas crecieron. Algunos moralistas aventuran que detrás de estas muchachas se esconde la crisis de valores más preocupante desde el éxito de Los Pecos, pero no es así. La nueva afición al topmodelismo encubre también bellos principios espirituales. Los psiquiatras, por ejemplo, han definido como “síndrome Madre Teresa” a la enfermedad que padecen la mayoría de las modelos internacionales aquejadas de vez en cuando por un incontrolable impulso de abrazar y fotografiarse con niños hambrientos del Tercer Mundo, sin razón aparente. El Vaticano, con cierto secretismo, ha firmado un contrato a la modelo Linda Evangelista para que practique las misiones en el mundo frívolo de la pasarela.

Uno no juzga tan pésimo el deseo de las niñas (y de algún que otro niño). Quizá en el fondo sea más provechoso intentar vivir del cuerpo que de según qué cerebros. Sería de agradecer que llegados los tiempos de la clonación el modelo a seguir se inclinara más hacia Elle McPherson que hacia un presidente de club de fútbol, por poner un ejemplo malintencionado.

Dicho lo dicho por García Márquez y suprimida la Ortografía y dicho lo dicho por Arzalluz y eliminada la Lengua Española por franquista y antiautonómica, fallecido el Latín de muerte natural, enterrada la Filosofía y sin un mapa que dure más de tres días para enseñar Geografía, los consejos escolares ven con buenos ojos incluir entre las asignaturas obligatorias el desfile en pasarela, la pose fotográfica y la anorexia voluntaria.

Con un mundo habitado únicamente por topmodeles se confirmarían las previsiones que apuntan a que en el año 2000 la relación sexual imperante será la masturbación. De hecho, la edad de comienzo en esta práctica solitaria se ha adelantado de los nueve a los cuatro años en sólo una década. TVE, algo de capa caída, planea un nuevo programa para niños titulado Primeras Eyaculaciones y sólo se duda si la presentadora será Xuxa, Leticia Sabater o, renunciando a la careta hipócrita opusdeística, la mismísima ex reina del porno Traci Lords.

Un paso previo hacia ese mundo bello y perfecto ha sido la inauguración en Miami del primer centro de cirugía estética para recién nacidos y la floración de residencias de ancianos para menores de treinta años. Los médicos modernos ya hablan de incluir la fealdad como una enfermedad más y elogian las virtudes del plástico en comparación con la piel humana.

Cuando el mundo sea guapo y bien guapo y nada de achatado por los polos quizá alcancemos la felicidad que ahora se nos niega. Seremos topmodeles rutilantes, evitaremos esa costumbre anticuada de tocarse, esa inconcebible pasión por acariciarnos michelines y alopecias mutuamente. Graparnos la cara nos devolverá el esplendor amenazado por el paso del tiempo.

Los días tercermundistas donde los niños soñaban con ser toreros, bomberos o policías han pasado a mejor vida. Ahora nadie duda de que la ropa interior de Dios es de Calvin Klein y si le da por jugar al tenis con nuestras cabezas la cinta para recogerse la melena se la paga Nike. Urge sustituir los crucifijos que tanto costó repartir por cada rincón del planeta por muñecos Madelman. “

Hasta el lunes.

… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.

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