Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo octavo: “Gula y vanidad crecen con la edad” (Refrán español)

Me gustan los buffets, bufetes, buffetes o como se escriba, que no creo yo que nadie lo sepa.

Y no me gustan por la comida precisamente, comida que por cierto suele ser siempre la misma: tres guisos de un extraño color y con zanahoria en cantidades industriales, unas cuantas lonchas de plástico con apariencia de mortadela, albóndigas en salsa sospechosa con algo que debieron ser champiñones y tres bandejas de macarrones del día anterior, sino por la diversión que encuentro cada vez que me quedo mirando a sus usuarios.

El mecanismo suele ser muy similar. Llegan con cara de no haber comido en su vida, miran y remiran cada una de las bandejas, cogen un plato y empiezan a mezclarlo todo como si estuvieran tocados por el espíritu de la “nueva cocina”: dos trozos de la ternera a la jardinera, una cucharada de espaguetis, tres croquetas un poco quemadas, dos hojas de lechuga mustia… ni el más habilidoso jugador de tetris podría colocar aquello con tanta pericia.

Pero lo que de verdad llega a convertir aquel espectáculo en algo inolvidable es cuando tienes la suerte de coincidir en alguno de ellos con alguna excursión del imserso. Quien ha conseguido verlo sabe que pocas cosas hay más impactantes en esta vida que un puñado de jubilados (y agregados) frente a un sírvase usted mismo.

… Sevilla tuvo que ser

Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo

Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo séptimo: “Las palabras ofenden más que las acciones; el tono, más que las palabras, y el aire más que el tono.” (Albertine Adrienne Necker de Saussure, 1766 – 1841; escritor y pedagogo suizo, defensor de los derechos a la educación de las mujeres)

Cuando establecemos la tan común comparación entre una señorita sexualmente promiscua y una gallina estamos cometiendo un doble error. Primero con la mujer, que, por muy furcia que sea (y salvo que ejerza de tal profesionalmente) rara vez cobrará por acostarse con distintos hombres (al menos en metálico). Y por otro con las gallinas las cuales, y a pesar de su mal ganada fama de rameras, poseen una moral sexual cercana a la monogamia. Si en un gallinero hay alguien crápula, disoluto y disipado, es el gallo, no ellas.

Por ello me sumo a la propuesta que circula por ahí poniendo las cosas en su sitio: las gallinas, igual que no son carpinteras o no son ministras, tampoco son putas. Y si algún animal de bellota jurásico sigue empeñado en insultar a una mujer, que lo haga usando otros bichos mucho más depravados y peligrosos que las pobres gallinas. Que haberlos haylos… Cualquier mosquita muerta, por ejemplo.

… cuestión de párpados

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