1174. Miércoles, 30 abril, 2008
Abril 29, 2008
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo cuarto: “Si eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos. No se puede pasear la felicidad por un mundo de gente que se cree desgraciada” (Alejandro Casona, 1903-1965; escritor español)
“Leer ya me gustaría. Pero ¿de dónde saco el tiempo?” me decía uno. Y otro, un semi-ejecutivo en camino de prosperar: “- Tres horas se me van en el camino de casa a la oficina. A los hijos pequeños apenas los veo”.
El tiempo es una realidad misteriosa. Ya San Agustín escribía que si nadie le preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenas intentaba una definición fracasaba. Aristóteles precisó que el tiempo es la medida del movimiento. Por eso cuando se hacen muchas cosas el tiempo es siempre rapidísimo; quien no hace nada dispone de un tiempo largísimo, interminable.
En la civilización industrial, donde se paga por horas, donde hay que fichar, donde se cobran trienios –y tantas otras realidades medidas por el tiempo-, se ha perdido el sentido profundo del tiempo de ocio, del tiempo para contemplar, para empaparse en la realidad.
La mayoría de los pueblos primitivos no usaron reloj. Se guiaban por el sol y el tiempo era la medida de lo que hacían. De ahí la calma tranquila, la atención en el cultivo del campo, la concentración en la pesca, el mimo en el pastoreo. Algunos antropólogos interpretaron todo esto como ociosidad o vagancia. Y era todo lo contrario: trabajo con los cinco sentidos, contemplación activa de la realidad. Por eso conocían cientos de plantas y sus propiedades; por eso tenían nombres para muchos tipos de vientos, de lluvias, de nubes.
Nosotros dedicamos una parte del tiempo a organizar el tiempo; otra parte a mirar el reloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra a perder el tiempo. Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer las cosas en algo más importante que las cosas que hay que hacer. El resultado, mucha veces, es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, se mide cuidadosamente el tiempo empleado en no hacerlas. Y es que siempre hay más tiempo cuando se deja de decir que no hay nunca tiempo.
Uno y dos de mayo. Hasta el lunes pues.
… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1173. Martes, 29 abril, 2008
Abril 29, 2008
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo tercero: “Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar. Perderás el tiempo y fastidiarás al cerdo”. (Proverbio ruso)
En tiempos de crisis, cualquier idea es bienvenida si sirve para ahorrar.
El faraón Menopto, que reinó en Egipto más o menos por el año III a. de C., tras vencer a sus enemigos los sirios mandó cortarles sus 13.000 (trece mil) penes, trofeo que exhibió y acabó repartiendo entre sus más íntimos para demostrar su gran victoria y, ya de paso, ahorrarse alimentar a los miles de esclavos -a sus “empleados” nunca les faltaron lechugas que llevarse a la boca- que hubieran sido necesarios para fabricar otras tantas figuritas conmemorativas que el bueno de Menopto acostumbraba a repartir cada vez que el faraón volvía victorioso.
Y es que, cuando las dificultades empiezan a aparecer, la imaginación es la mejor herramienta para enfrentarse a ellas.
El sultán Key Coubat I de los selyúcidas, una importante dinastía turca de Oriente Próximo que gobernó el oriente musulmán por los siglos XI y XII, pasó a la historia por fabricar 300 tiendas de campaña para su ejército con los testículos y escrotos de los 30.000 enemigos capturados en batalla.
Y luego dicen que lo del reciclaje es un invento moderno.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1172. Lunes, 28 abril, 2008
Abril 27, 2008
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo segundo: “Los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los situados en los lugares más altos son los más inútiles” (Paul Masson, 1859-1940; periodista francés)
Pocas cosas han cambiado desde que en el siglo primero antes de Cristo empezaran a celebrarse las primeras oposiciones para “trabajar” de funcionarios. Ya entonces los exámenes duraban varios días y se presentaban para unos pocos puestos miles de candidatos.
Aunque en algo sí hemos avanzado. En aquellas épocas y durante el tiempo que se estuviera celebrando la oposición nadie podía, bajo ninguna circunstancia, ni tan siquiera por imperiosas necesidades fisiológicas, salir de la sala.
¿La solución al problema? Fácil. Los opositores acudían a las maratonianas pruebas equipados con sus correspondientes orinales, que usaban según sus necesidades a la vista de los demás aspirantes y, por supuesto, de los miembros del tribunal, en mitad de la sala.
Tengo mucha imaginación, pero reconozco que se me hace cuesta arriba pensar la forma en la que los sufridos opositores podían contestar correctamente cualquier pregunta, por fácil que fuera, respirando el ambiente en la sala después de que varios miles de personas llenaran sus correspondientes orinales una y otra vez. Tenía que ser algo que,inevitablemente, les marcara para el resto de sus vidas. Y las de sus descendientes.
Quizá desde entonces venga esa costumbre que tienen en casi todos los sitios públicos de, cada vez que vas a pedir alguna cosa (que encima suelen exigirte ellos mismos), ponerte cara de estar oliendo a huevos podridos, una cara de estreñimiento crónico en la que, sin abrir la boca te están mandando a la mierda por haber interrumpido sus profundos pensamientos metafísicos entre el café con porra de las nueve y la primera caña de las once.
Hay que entenderlos. Ellos no son así, la culpa es de sus genes.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1171. Viernes, 25 abril, 2008
Abril 25, 2008
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo primero: “Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”. (Julio Verne, 1828-1905; escritor francés)
La tiranía laboral que durante estos últimos días ha impuesto una brutal coincidencia entre el sagrado sacramento de escribir en el blog y una absurda (e inevitable) actividad laboral de primera hora, parece que llega a su fin. El lunes todo volverá a su sitio (espero) pero hoy ando otra vez de prestado.
“Leo en el último número de la revista francesa Paris-Match que el noventa por ciento de los niños y niñas europeos sueñan con de mayores llegar a ser top-model. No me sorprende. La Organización Mundial del Trabajo reconoció el año pasado que las dos profesiones más deseadas en el mundo eran la de parado con subsidio y modelo, por ese orden.Leo también que la semana pasada en un colegio elitista femenino de Nueva York fue lapidada y golpeada sin piedad por sus compañeras la niña Jennifer Findelbaum cuando confesó su deseo de ser ingeniero agrónomo. Los estudiosos de la adolescencia femenina han definido esta mezcolanza perfecta entre un físico nacido para pecar y un cerebro de guardería como Generación Heidi, en clara referencia al serial japonés con el que todas ellas crecieron. Algunos moralistas aventuran que detrás de estas muchachas se esconde la crisis de valores más preocupante desde el éxito de Los Pecos, pero no es así. La nueva afición al topmodelismo encubre también bellos principios espirituales. Los psiquiatras, por ejemplo, han definido como “síndrome Madre Teresa” a la enfermedad que padecen la mayoría de las modelos internacionales aquejadas de vez en cuando por un incontrolable impulso de abrazar y fotografiarse con niños hambrientos del Tercer Mundo, sin razón aparente. El Vaticano, con cierto secretismo, ha firmado un contrato a la modelo Linda Evangelista para que practique las misiones en el mundo frívolo de la pasarela.
Uno no juzga tan pésimo el deseo de las niñas (y de algún que otro niño). Quizá en el fondo sea más provechoso intentar vivir del cuerpo que de según qué cerebros. Sería de agradecer que llegados los tiempos de la clonación el modelo a seguir se inclinara más hacia Elle McPherson que hacia un presidente de club de fútbol, por poner un ejemplo malintencionado.
Dicho lo dicho por García Márquez y suprimida la Ortografía y dicho lo dicho por Arzalluz y eliminada la Lengua Española por franquista y antiautonómica, fallecido el Latín de muerte natural, enterrada la Filosofía y sin un mapa que dure más de tres días para enseñar Geografía, los consejos escolares ven con buenos ojos incluir entre las asignaturas obligatorias el desfile en pasarela, la pose fotográfica y la anorexia voluntaria.
Con un mundo habitado únicamente por topmodeles se confirmarían las previsiones que apuntan a que en el año 2000 la relación sexual imperante será la masturbación. De hecho, la edad de comienzo en esta práctica solitaria se ha adelantado de los nueve a los cuatro años en sólo una década. TVE, algo de capa caída, planea un nuevo programa para niños titulado Primeras Eyaculaciones y sólo se duda si la presentadora será Xuxa, Leticia Sabater o, renunciando a la careta hipócrita opusdeística, la mismísima ex reina del porno Traci Lords.
Un paso previo hacia ese mundo bello y perfecto ha sido la inauguración en Miami del primer centro de cirugía estética para recién nacidos y la floración de residencias de ancianos para menores de treinta años. Los médicos modernos ya hablan de incluir la fealdad como una enfermedad más y elogian las virtudes del plástico en comparación con la piel humana.
Cuando el mundo sea guapo y bien guapo y nada de achatado por los polos quizá alcancemos la felicidad que ahora se nos niega. Seremos topmodeles rutilantes, evitaremos esa costumbre anticuada de tocarse, esa inconcebible pasión por acariciarnos michelines y alopecias mutuamente. Graparnos la cara nos devolverá el esplendor amenazado por el paso del tiempo.
Los días tercermundistas donde los niños soñaban con ser toreros, bomberos o policías han pasado a mejor vida. Ahora nadie duda de que la ropa interior de Dios es de Calvin Klein y si le da por jugar al tenis con nuestras cabezas la cinta para recogerse la melena se la paga Nike. Urge sustituir los crucifijos que tanto costó repartir por cada rincón del planeta por muñecos Madelman. “
Hasta el lunes.

… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1170. Jueves, 24 abril, 2008
Abril 24, 2008
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo: “Cuando contratas gente más lista que tú, demuestras ser más listo que ellos” (Alphonse Karr, 1808-1890, escritor francés)
Estos días, trabajo obliga, ando de prestado. Eso que ganamos todos.
¿Es sólo el domingo una institución deprimente?
Mi crónica de hoy, ya lo siento, es una crónica judicial, o sea como las del resto de la semana. Thomas Findelbaum, un antropólogo fracasado que sobrevivía gracias a ocasionales oficios, puede pasar a la historia del Derecho americano si prospera la demanda que acaba de presentar en un tribunal de Nueva York. Findelbaum, que en los últimos meses ha tratado de suicidarse, sin éxito, en ciento veintitrés ocasiones y como puede suponerse presenta un aspecto lamentable, contrató los servicios de un despacho de abogados neoyorquinos con la pretensión de querellarse contra el domingo. Sí, se trata de la primera vez en la historia, desde que se sentaran las bases del Derecho romano, en que un ciudadano se enfrenta judicialmente contra un día de la semana.
El caso amenaza con prosperar en el Tribunal Supremo americano que después del desprestigio por el caso O.J. Simpson no está dispuesto a cometer nuevos errores y cuyo presidente ha declarado que en caso de duda lo mejor es ejecutar. Lo que pide Findelbaum es que el domingo, especialmente la tarde, sea suprimido y desaparezca de entre los días de la semana. La lista de agravios que acompaña la demanda viene encabezada por una estadística que demuestra que en el mundo actual se producen tantos suicidios en la tarde del domingo como en todos los demás días de la semana juntos.
Como responsables civiles subsidiarios, Findelbaum pretende demandar al párroco Larrabee, a cuyas misas asiste cada domingo, a su equipo de béisbol que cada domingo le regala un nuevo motivo para la tristeza, a todos los programas de radio y televisión que se emiten ese día y a las empresas que conceden el domingo como festivo además de los suplementos dominicales de los periódicos.
Efectivamente, dice el pliego de cargos, estos suplementos se aprovechan de la indefensión del lector en día festivo. Muestran la cara amable del mundo, como si ésta existiera, proponen recetas de cocina que suenan a ciencia ficción, paradisíacos lugares donde pasar unas vacaciones que nadie se puede pagar, la moda enfundada en modelos sobre cuya existencia real incluso el Vaticano ha planteado dudas, coches último modelo a los que con suerte algún día tendremos cerca para rayarles la pintura con un destornillador, todo esto amparados en que es domingo. De hecho, un periódico lanzó el suplemento dominical un martes y fracasó estrepitosamente.
La pregunta que se hacen los norteamericanos es si tiene alguna utilidad realmente el domingo o es sólo una institución deprimente donde sádicos de todo el mundo aprovechan para visitar a enfermos que están tan felices en sus hospitales, donde deportistas profesionales y honrados se enfrentan al insulto, la mofa e incluso la agresión en estadios de fútbol de todo el mundo, un día en el que millones de personas sufren ese genocidio lento y cruel que se denomina ocio.
Con Findelbaum se han solidarizado la Liga del Enemigo del Chándal, la Iniciativa para el Destierro de los Domingueros, la Asociación de Taquicárdicos por culpa de los pitidos del gol del Carrusel Deportivo. En cambio, la Asociación de Amigos del Domingo, que en España tiene su sede en Lechago, Teruel, se opone de raíz a la celebración del juicio, entre otras cosas porque tendrían que irse buscando otro nombre y no se les ocurre. Según ellos, hoy la víctima es el domingo, pero mañana cualquier oficinista sin vocación se puede querellar contra el lunes, o cualquier espectador de televisión en España tendría derecho a pedir la supresión de la semana completa.
En los próximos meses habrá que permanecer atentos a las noticias que lleguen de este juicio: Findelbaum versus Sunday. Por lo pronto se han paralizado, por orden judicial, la impresión de calendarios del año próximo hasta que no haya sentencia firme.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1169. Miércoles, 23 abril, 2008
Abril 23, 2008
Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo noveno: “Hasta después del llanto más sublime siempre acaba uno por sonarse” (Heinrich Heine, 1797-1856; poeta alemán)
Una familia celebraba la boda múltiple, de sus tres hijas. Antes de que marchasen de viaje de bodas a diferentes lugares. La madre pidió a sus hijas que la llamaran al día siguiente para contarle, lo más discretamente posible, sobre el desempeño sexual de sus maridos, utilizando el lema de algún anuncio comercial.
La primera en llamar a su madre fue la hija mayor y solo le dijo:
- “Nescafé”
La madre quedó confundida, hasta que más tarde vio un anuncio de nescafé que decía:
“Satisfacción hasta la última gota”
Poco después recibió la llamada de la segunda hija, que le dijo entusiasmada:
- “Colchones rosen”
La mamá buscó la publicidad de Colchones Rosen y leyó complacida:
“Vive la vida con tu king size, extra grande”
La hija pequeña tardo una semana en llamar y casi sin voz le susurró:
- “American Airlines”
La madre buscó frenéticamente un anuncio de American Airlines y antes de desmayarse leyó:
“4 veces al día, 7 días a la semana, los 365 días del año, todas las rutas”
Mucho trabajo= poco tiempo= una sonrisa tonta.

Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1168. Martes, 22 abril, 2008
Abril 22, 2008
Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo octavo: “Sólo podemos temer una cosa ¡por toutatis!, que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Pero eso no va a pasar mañana”. (Abraracurcix, jefe galo)
Sábado por la tarde, en el único canal de televisión que por aquella época emitía a esas horas, Heidi, tumbada en la pradera de los Alpes junto a Pedro, va imaginando animales a partir de las siluetas de las nubes. Al terminar el capítulo pocos fueron los que al salir a la calle no buscaron nubes con las que poder imaginar.
Lunes por la mañana, con su mala leche de siempre llega doña Isaura, “la topo“. Le toca explicar los fenómenos atmosféricos y rápidamente impone su realidad: por muy de algodón que parezcan las nubes no son más que enormes y pesadas masas de agua que se sostienen en el aire gracias a la combinación de dos leyes físicas. Y el ejemplo que pone para rematar su matraca no puede ser más rotundo: si una nube se desplomara sería como si cayeran de golpe 150 ballenas azules.
Tendría toda la razón del mundo pero, al igual que los trucos de magia se vuelven gansos y chapuceros en cuanto se destripan, aquella cruel explicación mató buena parte de mi imaginación preadolescente. Podían haber esperado un poco más. Desde entonces, mirar al cielo no volvió a ser lo mismo. Nunca.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1167. Lunes, 21 abril, 2008
Abril 21, 2008
Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo séptimo: “Cuando una medicina no hace daño deberíamos alegrarnos y no exigir además que sirva para algo”. (Pierre Augustin de Beaumarchais, 1732-1799; poeta francés)
La medicina del antiguo Egipto se regía por códigos de ética muy estrictos que, por ejemplo, prohibían a los médicos alejarse de sus pacientes hasta que estos no estuviesen completamente curados. Si el paciente moría, el médico debía justificar la causa del deceso a satisfacción de los familiares del difunto. En caso de comprobarse algún tipo de negligencia el médico pagaba con su vida.
No mejoró la cosa entre los visigodos de la Edad Media. El facultativo sólo cobraba sus honorarios si el paciente se curaba. En cambio, si fallecía, aún en los casos en los que hubiera sido bien atendido, el médico debía pagar una fuerte indemnización. Finalmente, si la causa del fallecimiento se debía a negligencia médica, el facultativo no sólo perdía su licencia para ejercer sino que también quedaba a disposición de los familiares para que estos le propinaran el castigo que ellos creyeran oportuno.
No ha mejorado mucho las cosas ahora. Lo de las indemnizaciones se va arreglando con el invento del seguro, pero alguien debería de decirles a algunos familiares que ya no estamos en la Edad Media. Por mucho que les guste conservar las tradiciones.
Va de lunes.
… la trabajadora más vieja del mundo.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1166. Viernes, 18 abril, 2008
Abril 18, 2008
Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo sexto: “Las mujeres necesitamos la belleza para que los hombres nos amen, y la estupidez para que nosotras amemos a los hombres”. (Coco Chanel, 1883-1971; diseñadora francesa).
Aunque lo más recomendable sería tener a mano unas cuantas pinturas de esas que son fácilmente lavables (en las tiendas de todoacien –ahora llamadas loschinos- las venden de todos los colores), nos podría bastar un simple lápiz de labios. Hoy, en “peluche práctico”, y con vistas al fin de semana: “saca el artista que llevas dentro, el lienzo te está esperando”.
Se trata de pintar y ser pintado, jugar con formas abstractas, con dibujos naif, aprovechar los contornos del cuerpo desnudo, hacer de los pechos dos montañas, de la barriga un desierto y del ombligo un oasis, y ver como se va diluyendo todo con la excitación de ser recorrido por unos labios que acaben “bebiendo” de ese “oasis” como si no lo hubieran hecho en tres meses.
Las posibilidades son tan amplias como la imaginación, y el resultado, (el de verdad, no el artístico), va a merecer la pena.
Claro que bien mirado no hacen falta ni las pinturas, basta con escribir palabras en el cuerpo con la lengua, muy lentamente, dejando que adivinen la letra que estemos escribiendo, empezando por la espalda y acabando por zonas mucho más interesantes. Ir garabateando letra a letra “esternocleidomastoideo” con la lengua húmeda tiene que acabar irremediablemente en orgasmo.
Y si uno es tartamudo -o se lo hace- para que seguir. Hasta el lunes
… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
1165. Jueves, 17 abril, 2008
Abril 16, 2008
Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo quinto: “Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda”. (Jean de La Fontaine, 1621-1695; poeta francés)
Ayer tuvimos una reunión para, según la convocatoria, “Implementar nuevos criterios de trabajo“. Ni idea del significado de la palabra al entrar (aunque muy bueno no podía ser si iba en la misma frase que “trabajo”) y ni idea al salir. Los psicólogos que lo invaden todo; son los nuevos sastres del cuento aquel en el que nadie se atrevía a decirle al emperador que no llevaba traje después de que ellos se encargaran de vender que sólo los listos y modernos podían verlo.
No es la primera vez que nos cazan. Suele pasar un par de veces al año coincidiendo -casualmente- con que algún amigo de quien decide estas cosas crea un programa informático repleto de gráficos naif (así se ahorran un dibujante) y unas casillas cada vez más pequeñas en las que poner crucecitas.
Aunque todos sabemos que ni tan siquiera lo leen, siempre tragamos sin rechistar la hora y media larga de explicaciones sobre lo importante que resulta para el futuro del hambre en el mundo, el entendimiento entre civilizaciones y hasta para el cambio climático, pensar bien cada respuesta antes de contestarla. Luego, todo se reduce a hacer una quiniela rebosante de empates, pero -y ahí sí los entiendo-, no sería políticamente correcto si no adornaran la historia con “gestiones globales“, “establecimiento de directrices” y otras frases comodín sacadas de “cómo hablar cuatro horas sin decir nada“
De todas formas hay que reconocer que queda bien, nos hace sentir modernos y además ampliamos el vocabulario técnico. Y eso siempre es bueno para moverse por la vida. Además, esta vez ha sido la reunión a la que más gente ha asistido y aunque las malas lenguas digan lo contrario, yo estoy completamente seguro de que no tenía nada que ver con que fuera la primera a la que asistía la flamante nueva subdirectora, ascendida desde sus tareas administrativas gracias a un romántico calentón -que todavía dura- con el jefe.
Es el amor que rompe barreras.
Todos los “capítulos” de “tantos hombres y tan poco tiempo“
Mi crónica de hoy, ya lo siento, es una crónica judicial, o sea como las del resto de la semana. Thomas Findelbaum, un antropólogo fracasado que sobrevivía gracias a ocasionales oficios, puede pasar a la historia del Derecho americano si prospera la demanda que acaba de presentar en un tribunal de Nueva York. Findelbaum, que en los últimos meses ha tratado de suicidarse, sin éxito, en ciento veintitrés ocasiones y como puede suponerse presenta un aspecto lamentable, contrató los servicios de un despacho de abogados neoyorquinos con la pretensión de querellarse contra el domingo. Sí, se trata de la primera vez en la historia, desde que se sentaran las bases del Derecho romano, en que un ciudadano se enfrenta judicialmente contra un día de la semana.