1136. Martes, 26 febrero, 2008
Febrero 26, 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo sexto “El mundo nos aconseja el agnosticismo, pensar que somos demasiado pequeños, que nuestra razón es demasiado frágil para creer en Dios. En cambio, millones de personas siguen creyendo. Éste es el verdadero milagro”. Benedicto XVI, 1927, Papa número 265 de la Iglesia Católica)
Hace algunos años, la oficina de la empresa de publicidad Ogilvy en Singapur recibió de la congregación religiosa Love Singapur el siguiente reto: “Dios tiene un problema de imagen. ¿Pueden ayudarle?“
Superada la fase inicial de sorpresa, los ejecutivos de la multinacional pusieron manos a la obra y diseñaron una estrategia de marketing para Dios. El resultado: una campaña en televisión, vallas, radio, prensa, Internet y hasta por unos entonces casi inexistentes sms cuyo objeto era acercar a Dios a la gente, presentándolo como alguien cercano y dispuesto a ayudar.
Sobre fondo negro y sólo mediante unas sencillas letras blancas, la población del país asiático fue tropezando con mensajes del tipo: “Odio las reglas, por eso sólo hice 10“; “No olvides el paraguas. Puede que hoy riegue las plantas“; “Por favor, no bebas si conduces; todavía no estás preparado para conocerme“; “Gracias a mí, es viernes“. Todos los mensajes, como es obvio, llevaban la misma firma: Dios.
A las dos semanas, el gobierno prohibió la campaña en prensa y en televisión, pero ésta prosiguió a través de internet y de los sms. Fue un éxito. Las encuestas revelaron que la popularidad de Dios se había incrementado un 40% . Y la campaña -en parte gracias a su prohibición- se convirtió en la más famosa de toda la historia de Singapur.
Alguien me reprochaba ayer mi agnosticismo militante. Es posible. Pero posiblemente a los que andan en estos temas no les vendría nada mal un completo cambio de imagen.
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