Capítulo Milésimo centésimo trigésimo noveno: “Todo se reduce al sexo, excepto cuando lo estas haciendo, que se reduce en: ¿Cómo lo estoy haciendo? ¿Se va a quedar? ¿Qué estoy haciendo?” (Queer as folk, serie de televisión)

Adelante con las multiculturalidades y las globalizaciones. Hoy, en peluche practico, y con vistas al fin de semana, pequeño recorrido pedagógico y educativo por algunos de los países del mundo que nos rodea.

- Árabe: un miembro de la pareja permanecerá boca arriba mientras el otro le cabalga.

- Croata: baño de lengua que termina con un coito con uno de los participantes sentado encima a horcajadas.

- Cubana: hacer una masturbación entre los pechos.

- Inglesa: impartir castigos suaves mediante azotes y cachetes.

- Francés: realizar una felación.

- Griego: sexo anal.

- Hawaiano: actividad sexual en la que se recorre todo el cuerpo con la yema de los dedos usando algún aceite de aromaterapia. Se finaliza con una masturbación.

- Japonés: coito en el suelo sobre almohadas que incluye numerosas posiciones en cuclillas.

- Vienesa: posición para el coito en el que uno de los miembros de la pareja está estirado boca arriba sobre la cama y cruza los pies por detrás del cuello.

- Birmana: masturbación con los pies.

- Sueco: sexo en grupo.

- Tailandés: masaje que se realiza con los senos por todo el cuerpo.

- Turco: uno de los miembros de la pareja permanecerá siempre con las manos atadas.

Aprovechemos la diversidad, abramos fronteras, recorramos el mundo. Hasta el lunes.

… más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo octavo: ” Es más fácil llenar el estómago que el ojo” (proverbio alemán)

Aunque sus estudios de aquella época nada tenían que ver con el tema gastronómico, pocas personas han sido capaces de explicar con semejante claridad, la importancia que, ante una buena comida, tiene el recipiente en la que la vayamos a servir.

En 1955 Gordon Allport, psicólogo, proponía el siguiente experimento:

“En primer lugar, piense en tragar la saliva que tiene en la boca, o hágalo. Luego imagine que la escupe en un vaso y se la bebe. Aquello que le parecía natural y suyo, de repente se vuelve repugnante y ajeno”.

Y eso que la saliva, mezcla de agua (95%), iones de cloruro, moco, fosfato, inmunoglobulinas, enzimas y bacterias, es exactamente la misma la traguemos directamente desde la boca o desde una copa flauta de cristal de bohemia.

Lo que cuenta es el envase.

… aparejadores por correspondencia.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo séptimo: “Yo odiaría ser abstemio, imaginaros levantarse por la mañana sabiendo que durante todo el día uno no va a sentirse mejor”. (Dean Martin, 1917-1995; actor estadounidense)

Sugén curcila por itnernet, atsá dotasmredo que si ciambas el odren de las lartes de una pablara, etcexpo la prerima y la úmtila, el rudalteso es una fasre talmetonte crompinbesle. O csai.

La metne, cmoo simerpe, surepa caluiquer otbúslaco a la cimuconicaón. Ea.

… obesidad.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo sexto: “Puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo si la publicidad es buena y el presupuesto lo suficientemente grande” (Joseph E. Levine, 1905-1987; productor estadounidense)

Mucho se ha hablado de los efectos perniciosos de la sangre menstrual -con la documentación que existe sobre la nocividad que desprenden las mujeres menstruantes se pueden escribir varios libros- pero muy poco se ha dicho sobre sus beneficios. Hoy, en peluche práctico, algunas de las ideas que se practican por el mundo para aprovecharse de esos días y sus secreciones. Hoy, en peluche práctico: sáquele partido a sus reglas. Reutilice su sangre menstrual.

Es costumbre en algunos países asiáticos como Birmania, recurrir a las mujeres menstruantes cada vez que una plaga de insectos ataca las cosechas. El mecanismo es simple, los campesinos piensan que la sangre menstrual tiene poderes terribles y sólo con su olor es capaz de contaminar el aire, por eso, cada vez que hay una plaga, contratan a mujeres que estén menstruando para que se paseen sobre los campos con sus genitales desnudos. Suficiente para que los insectos, ante aquel terrible olor, mueran o se alejen.

En algunas partes de Sicilia aún se usa el agua de la higiene íntima de las menstruantes para humedecer los troncos de los árboles y que así éstos no sean atacados por las orugas. Una buen fuente de ingresos, sobre todo para las más limpias.

En Baviera los campesinos entregan a las vírgenes menstruantes pañuelos de encaje para que los impregnen con su sangre menstrual ya que los consideran poderosos amuletos capaces de evitar a quien los lleva accidentes o heridas con hemorragias. Llegan a pagar cantidades importantes por conseguirlos. Al tener que ser de vírgenes, el precio sube. Cuestión de oferta y demanda.

En Francia aún pervive una tradición, muy extendida en el siglo XVII, según la cual la sangre menstrual de una mujer que no hubiese parido tiene la propiedad de apagar los fuegos por muy vivos que fueran éstos. No he llegado a saber si las bomberas que disfrutan de esa situación tienen un mejor sueldo. Pero deberían.

En el sur de Rusia, pensando que la sangre tiene parte del alma de su propietaria, la utilizan como filtro de amor mezclándola con el vino o el café. Se trataría sólo de buscar el candidato apropiado.

Y sin irse tan lejos, aquí en España, hay muchos curanderos que creen en el efecto salutífero de la sangre menstrual para curar el lagrimeo, la epilepsia y las convulsiones en general, los dolores rebeldes, la erisipela, la gota, los diviesos, las verrugas, lamparones, llagas viejas, tercianas, hidrofobia, esterilidad, e incluso curar el amor voluble asegurando el amor de los hombres, deshacer el mal de ojo, preservarte de la peste y desviar a las tormentas. Como la clientela para estos menesteres no falta, la demanda de este tipo de sangre, necesaria para hacer sus pócimas y brevajes, pues tampoco.

Y gotita a gotita.
… helados.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo sexto “El mundo nos aconseja el agnosticismo, pensar que somos demasiado pequeños, que nuestra razón es demasiado frágil para creer en Dios. En cambio, millones de personas siguen creyendo. Éste es el verdadero milagro”. Benedicto XVI, 1927, Papa número 265 de la Iglesia Católica)

Hace algunos años, la oficina de la empresa de publicidad Ogilvy en Singapur recibió de la congregación religiosa Love Singapur el siguiente reto: “Dios tiene un problema de imagen. ¿Pueden ayudarle?

Superada la fase inicial de sorpresa, los ejecutivos de la multinacional pusieron manos a la obra y diseñaron una estrategia de marketing para Dios. El resultado: una campaña en televisión, vallas, radio, prensa, Internet y hasta por unos entonces casi inexistentes sms cuyo objeto era acercar a Dios a la gente, presentándolo como alguien cercano y dispuesto a ayudar.

Sobre fondo negro y sólo mediante unas sencillas letras blancas, la población del país asiático fue tropezando con mensajes del tipo: “Odio las reglas, por eso sólo hice 10“; “No olvides el paraguas. Puede que hoy riegue las plantas“; “Por favor, no bebas si conduces; todavía no estás preparado para conocerme“; “Gracias a mí, es viernes“. Todos los mensajes, como es obvio, llevaban la misma firma: Dios.

A las dos semanas, el gobierno prohibió la campaña en prensa y en televisión, pero ésta prosiguió a través de internet y de los sms. Fue un éxito. Las encuestas revelaron que la popularidad de Dios se había incrementado un 40% . Y la campaña -en parte gracias a su prohibición- se convirtió en la más famosa de toda la historia de Singapur.

Alguien me reprochaba ayer mi agnosticismo militante. Es posible. Pero posiblemente a los que andan en estos temas no les vendría nada mal un completo cambio de imagen.

… el helado.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo quinto: “La gente que no para de trabajar lo hace para no tener tiempo de acordarse de que no tiene nada que hacer. (Francis Picabia, 1879-1953; pintor francés)

En vez de aprovechar la diversidad y enriquecernos con las diferencias, tenemos, desde la comodidad de nuestro primer mundo, una corrosiva tendencia a emitir juicios de valor sobre todas aquellas otras culturas que nos son ajenas o no se nos parecen. En estos tiempos de multiculturalidades, globalizaciones y mestizaje es bonito saber que en algunos lugares aún existen hombres, mujeres y niños que celebran y respetan sus más antiguas tradiciones.

Lo que no quita para que me parezca un poco desproporcionado las directrices que han establecido los mandatarios de Rajastán, una de las muchas regiones de la India, los cuales, excusándose en el respeto que es obligatorio guardar a las costumbres locales, han decidido prohibir que los turistas puedan hacerse cualquier tipo de demostración de cariño en público. Por inocente que sea.

Nada que objetar. Son sus costumbres locales y hay que respetarlas. Pero no deja de chocarme que sean precisamente estas autoridades las que miran para otro lado ante la -también- costumbre local, más extendida de lo que debiera, que tienen los hombres de la región de echar ácido en la cara de las esposas que no cumplen con los deseos de su marido.

Algo no me acaba de cuadrar en este discurso de respetar las señas de identidad culturales de los pueblos. Algo no me acaba de cuadrar. Será que es lunes. Será.

… un caudillo contenido.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo cuarto: “Es hora de bajar de peso cuando vas a la playa y, al estar tomando el sol sobre la arena, unos ecologistas intentan devolverte al mar”. (Miren Amiano, 54 años, ama de casa)

Cuentan que, antes de convertirse en el famoso par de brillantes cerezas con el que se identifica desde hace más de cuarenta años, el logotipo de la discoteca Pachá iba a ser (hasta llegó a serlo durante algún tiempo) un ojo. Sin embargo, su fundador, Ricardo Urgel, decidió, en contra de todos sus asesores, que la imagen de una fruta fresquita y retozona como la cereza, le iría mucho mejor al negocio. Y acertó de pleno.

Lo que no sabía el dueño de Pachá, o al menos eso confiesa, es que no estaba inventado nada nuevo: la pareja de cerezas ha sido, desde muy antiguo, todo un símbolo sexual.

De ahí que aparezca en obras como “La nave de los locos“, de El Bosco, en la mesa a la que se acercan desnudos los amantes y, sobre todo, en multitud de postales y fotos -más o menos eróticas- que se pusieron de moda allá por los principios del siglo XX y en las que solía aparecer una chica con ojos de lujuria sosteniendo un par de cerezas gemelas muy cerquita de sus labios. Y, en las más atrevidas, hasta saboreando alguna metida en su boca.

Unas imágenes bastante sugerentes teniendo en cuenta que en la mayoría de las culturas el símbolo sexual que siempre han representado las dos cerezas han sido los testículos.

La imaginación hace el resto. Hasta el lunes.
… … más “historias extra-ordinarias” todo el fin de semana.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo tercero: “El hombre verdaderamente libre es el que puede rechazar una invitación a comer sin excusarse. (Jules Renard, 1864-1910; escritor francés)

No tengo nada contra el fútbol. Siendo partidario de la eutanasia -al menos de la propia-, no podría dejar de reconocer el derecho que tienen los demás para ejercer su suicidio mental de la forma que mejor les parezca. Aunque para ello usen algo tan absurdo como ver partidos de fútbol.

Lo que ya me parece un poco peor es no poder meter baza en las muchas conversaciones que hay cada día sobre el tema. Sobre todo teniendo en cuenta que estar callado no es una de las cualidades que tengo más desarrolla.

Por eso y siguiendo aquel buen consejo de “si no puedes vencer al enemigo únete a él” me he preparado algo para soltar en el próximo debate sobre el tema. Así, y justo después de que eldecontabilidad nos informe detalladamente -según su costumbre- sobre la profesión de las madres de todos los jugadores (que con el dinero que ganan ya podían retíralas de la profesión más antigua del mucho, pobrecitas mías) yo soltaré la bomba: ¿por qué ese empeñan en llamar esféricos a los balones si resulta que no son redondos?

El balón de fútbol es un icosaedro truncado, un sólido regular como lo son el tetraedro, el hexaedro, el octaedro o el dodecaedro. Eso sí, en su favor conviene decir que de todos -con permiso del rombicosidodecaedro- el icosaedro es el poliedro más fácil de convertir en esfera. Inicialmente formado por doce aristas y veinte triángulos equiláteros, hay que aplicarles un truquito para que puedan acabar sirviendo para jugar al fútbol: hay que capar sus vértices. Así obtenemos lo que en realidad es: una figura de 12 pentágonos, 20 hexágonos y 90 aristas.

A ver quien lo mejora.

… los Dan-one.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo segundo: “Quien se siente en el fondo de un pozo para contemplar el cielo lo encontrará pequeño (Han Yu, 768 - 824; escritor chino)

Los sapos siempre me han despertado una especial ternura. Asociación de recuerdos, supongo. Los cuentos infantiles que oía de pequeño, -y oí unos cuantos-, estaban plagados de príncipes convertidos en sapos o ranas que se dirigían a las doncellas que paseaban por los caminos solicitándoles un beso al que ellas solían acceder gustosamente. Eso, cuando eran capaces de escaparse de la despensa de la bruja mala que siempre los usaba para hacer sus pócimas.

Luego me enteré que tanto la extraña afición de las princesas a besuquear ranas como la de las brujas por empeñarse en condimentar sus sopas con tan viscoso animal, tenían una explicación algo menos fantástica. El sapo, y más en concreto su piel, contiene una sustancia, la bufotenina, aislada por primera vez en 1920 por H. Handovskyy, que produce, entre otras cosas, alucinaciones, ilusiones visuales, distorsión de colores y sensación de estar volando.

Vamos, que a falta de otros entretenimientos mejores unas y otras usaban a los batracios para pasar el rato. Hacían bien. Aunque hay algo que no acaba de encajarme. Entiendo lo bien que se lo podían pasar unas señoras brujas subidas en el palo de una escoba y pensando que aquello iba y venía a su gusto, sin embargo, no alcanzo a entender muy bien cómo, después del primer lametón de bufetidina al sapo, y por muy colocadas que aquello les pusiera, las melindrosas princesas eran incapaces de notar la diferencia que debe de haber entre retozar con un príncipe y retozar con un sapo. Por muy incompetentes que fueran los príncipes y muy habilidosas que fueran las princesas manejando sapos.

… más que la gaceta.

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Capítulo Milésimo centésimo trigésimo primero: “No puedo comprender por qué en la televisión siempre se excusan las interrupciones pero nunca la programación normal. (Otto Preminger 1906-1986; director de cine estadounidense)

Comer del mismo plato, y con la mano, o beber del mismo vaso, siempre ha han sido símbolos de amor y de unidad, convertidos incluso en liturgia por el cristianismo. Entonces ¿Cómo han llegado a estar tan condenados estos actos por las normas de las buenas maneras? ¿Quién tiene la culpa de que uno quede como un puerco por atreverse a usar las manos en la imprescindible tarea de alimentarse?

Cuentan que el tenedor llegó a Europa procedente de Constantinopla, donde ya eran muy finos, allá por el siglo XV. Teodora, la hija del emperador bizantino Constantino Ducas, lo llevó a Venecia, al casarse con el dux de aquella república. Costó que se pudiera de moda porque se consideraba -y no iban muy descaminados- una extravagancia; tanto que llegaron a condenarlo desde los pulpitos de la época como intrumentum diaboli, por lo complicado que resultaba usarlo para comer algunos alimentos como la pasta.

Pero el tiempo ha dado la vuelta a la tortilla y ahora si hacemos caso a las “buenas maneras” sólo está permitido usar las manos para comer las alcachofas, los espárragos (siempre agarrándolos por el tallo) y las cerezas, y, si acaso, para pelar los plátanos y partir el pan siempre que ya esté servido en la mesa. Pero es que, aunque uno quisiera poner en práctica tan complicadas instrucciones protocolarias, nunca acabaría acertando. Ni entre ellos se ponen de acuerdo. Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, decía “el corazón es un traidor, hay que tenerlo cerrado con siete cerrojos“, tal vez por ahí van los tiros de la recomendación de las gentes de esta organización a sus numerarios de que coman los plátanos con cuchillo y tenedor. Pero los que no militamos en tan sufrido grupo, todos los que fuimos carne de colegio público en un extrarradio de provincias, ¿podemos pelárnoslo con las manos sin acabar condenados al fuego eterno? ¿Sufrirá mucho nuestro corazón por sentir la suave textura de nuestro plátano entre el índice y el pulgar?

Para gustos colores, y será todo el pecado que quieran, pero pocos placeres se pueden comparar a comerse tanquilamente un suculento plátano después de haberlo pelado con una buena mano.

… en la luna.

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